¿Qué es el Cinturón del Fuego y por qué tiene en alerta al mundo por los terremotos?
El Cinturón de Fuego rodea el Pacífico y concentra intensa actividad sísmica y volcánica. Los científicos descartan que pueda activarse por completo

Un sismógrafo registra la actividad sísmica en el Cinturón de Fuego, la zona que concentra la mayoría de terremotos del planeta.
Los fuertes terremotos registrados durante las últimas semanas en países como Colombia e Indonesia volvieron a colocar en la conversación pública al Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona caracterizada por su elevada actividad sísmica y volcánica.
La cercanía temporal entre estos movimientos también ha generado interrogantes sobre una posible relación. Sin embargo, que varios terremotos ocurran con pocos días de diferencia no significa necesariamente que estén conectados o que todo el Cinturón de Fuego se haya “activado”.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explica que los terremotos separados por miles de kilómetros generalmente responden a procesos tectónicos independientes. Un sismo de gran magnitud puede alterar fallas cercanas y, en ocasiones, estimular actividad sísmica a mayor distancia, pero esto no permite establecer automáticamente una relación entre eventos ocurridos en distintos países.
Tampoco todos los terremotos recientes mencionados forman parte de esta franja. Indonesia y la costa pacífica de Colombia se encuentran dentro de su área de influencia, mientras que Venezuela no suele incluirse en la definición tradicional del Cinturón de Fuego del Pacífico.
Internacional
'Ayuda, SOS', el mensaje de campesinos colombianos damnificados por el terremoto
Agencia EFE
¿Qué es el Cinturón de Fuego del Pacífico?
El Cinturón de Fuego, también conocido como Anillo de Fuego, es una franja con forma de herradura que se extiende alrededor del océano Pacífico. Tiene una longitud aproximada de 40.000 kilómetros y abarca sectores de América, Asia y Oceanía.
Su recorrido incluye territorios de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México, Estados Unidos, Canadá, Rusia, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda, entre otros países.
No existe una frontera única y oficial que delimite esta región. El Programa de Vulcanismo Global del Instituto Smithsoniano explica que el término se utiliza para agrupar varias zonas volcánicas y sísmicas situadas alrededor del Pacífico, pero no representa una estructura geológica continua ni una sola falla.
En esta franja interactúan numerosas placas tectónicas, entre ellas las del Pacífico, Nazca, Cocos, Norteamérica y Filipinas. Sus movimientos explican la frecuente ocurrencia de terremotos y erupciones volcánicas.
Lea también|Terremoto en Colombia: ¿qué requisitos deben cumplir los rescatistas extranjeros?
¿Por qué ocurren tantos terremotos en esta zona?
Las placas tectónicas son grandes bloques rígidos que conforman la capa externa de la Tierra. Aunque su desplazamiento es lento, su interacción puede generar enormes cantidades de energía.
En distintos sectores del Cinturón de Fuego, una placa oceánica se introduce debajo de otra placa mediante un proceso denominado subducción. Las superficies pueden quedar temporalmente trabadas mientras el movimiento continúa, lo que provoca la acumulación de tensión.
Cuando las rocas ya no soportan esa presión, se produce una ruptura o un desplazamiento repentino. La energía liberada se propaga en forma de ondas sísmicas y genera un terremoto.
El cinturón circumpacífico concentra alrededor del 81 % de los terremotos más grandes del planeta, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos. En esta zona ocurrieron eventos históricos como el terremoto de Valdivia, en Chile, de magnitud 9,5 en 1960, y el de Alaska, de magnitud 9,2 en 1964.
Estas cifras muestran que se trata de una región altamente activa, pero no significan que cada terremoto dentro de ella esté relacionado con los demás. Cada evento debe analizarse según su ubicación, profundidad, falla de origen y mecanismo de ruptura.
¿Cómo se relacionan los terremotos, volcanes y tsunamis?
Los procesos de subducción también favorecen la formación de volcanes. Cuando una placa se hunde, libera fluidos que modifican las condiciones del manto terrestre y facilitan la formación de magma. Ese material puede ascender y acumularse hasta provocar una erupción.
Por ese motivo, el Cinturón de Fuego no solo concentra una parte importante de los terremotos del mundo, sino también una elevada cantidad de volcanes.
El Programa de Vulcanismo Global del Instituto Smithsoniano identifica 687 volcanes con actividad registrada durante el Holoceno en las regiones asociadas con el Cinturón de Fuego. La cifra representa aproximadamente el 57 % del total mundial incluido en su base de datos.
Además, en esas regiones ocurrió alrededor del 68 % de las erupciones confirmadas desde 1960. Esto tampoco implica que todos los volcanes estén conectados o que la erupción de uno vaya a despertar a los demás.
Los terremotos submarinos pueden provocar tsunamis cuando generan un desplazamiento significativo y repentino del fondo marino. No todos los sismos bajo el océano producen este fenómeno: influyen la magnitud, la profundidad, el tipo de movimiento y la deformación causada en el lecho oceánico.
Cuando se detecta un evento con capacidad de generar un tsunami, los sistemas internacionales analizan la información sísmica y el comportamiento del nivel del mar. A partir de esos datos, cada país determina si debe emitir una advertencia o una orden de evacuación para sus costas.
¿Se puede predecir un gran terremoto?
La ciencia todavía no puede anticipar con exactitud el día, la hora, el lugar y la magnitud de un terremoto. El USGS señala que los especialistas pueden calcular probabilidades para determinadas zonas y periodos, pero no realizar predicciones precisas.
Los sensores sísmicos tampoco predicen los terremotos. Su función es detectar rápidamente un movimiento que ya comenzó y, en algunos casos, enviar una alerta antes de que las ondas más destructivas lleguen a ciudades ubicadas a cierta distancia del epicentro.
Países como Japón, Chile y México han fortalecido sus redes de monitoreo, normas de construcción, rutas de evacuación y sistemas de alerta. Estas herramientas no evitan los terremotos, pero pueden reducir las víctimas y los daños.