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Diario Expreso Ecuador

Ecuador y el exceso de optimismo: la derrota que expuso la distancia entre ilusión y realidad

Análisis | Tras la derrota ante Costa de Marfil ha quedado una duda: ¿el optimismo desmedido está distorsionando la percepción real del fútbol ecuatoriano?

Enner Valencia intenta avanzar ante la marca de Yan Diomande durante el debut de Ecuador frente a Costa de Marfil en el Mundial 2026.

Enner Valencia intenta avanzar ante la marca de Yan Diomande durante el debut de Ecuador frente a Costa de Marfil en el Mundial 2026.Efe

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Filadelfia, sábado 13 de junio de 2026, 18:00. Las ‘Rocky Steps’ y el monumento al más grande boxeador de la ficción cinematográfica eran testigos del “banderazo” de los hinchas ecuatorianos, antes del arranque de la Copa del Mundo. El momento se concibió como un encuentro espontáneo de aficionados, en la previa de un partido, con el fin de desplegar los buenos deseos hacia su equipo.

Por tradición, el “banderazo” es la liturgia máxima del optimismo y la confianza futbolera. Allí se despliegan todas las buenas energías en busca de un resultado positivo, donde la gente entrega garganta y alma por completo. Muchos de los presentes ni siquiera iban al partido, por razones tan comprensibles como el elevado precio de las entradas, pero consideraban ya haber cumplido su parte al conjurar con optimismo cualquier posibilidad de derrota.

Los medios nacionales presentes en las Rocky Steps calcularon entre 8.000 y 10.000 asistentes al evento. La cifra, significativa e importante, ratificó palpablemente la vigencia de un estado de éxtasis y confianza que no admitía peros ni dudas. Ecuador tenía, debía y estaba obligado a ganarle al día siguiente a Costa de Marfil.

Sin embargo, lo que sucedió en la cancha estuvo a la vista de todos. No corresponde reiterar análisis ni circunstancias que expliquen la derrota. Pero sí es válido cuestionarse sobre los límites del optimismo y el positivismo invasivo que se ha vuelto constante a toda escala en el fútbol ecuatoriano.

Cuando el optimismo reemplaza al análisis

Optimistas y positivos son quienes creen que Barcelona está destinado a ganar la Copa Libertadores, solo por su popularidad y constancia. Optimistas y positivos son también quienes esperan que Liga de Quito repita sus éxitos internacionales, sin reparar hoy en las enormes diferencias económicas con los clubes brasileños. Optimistas y positivos son, finalmente, quienes solo tienen deseos y esperanzas de que los éxitos lleguen, sin reflexionar en modos y formas.

La verdad es que con deseos y esperanzas, exclusivamente, no se ha construido ninguna victoria ni logro importante.

Dicho esto, las imágenes del “banderazo” invitan a una reflexión: ¿qué generan en el jugador que, 24 horas después, debe saltar a la cancha?

Carlos Chávez posa junto a su padre y varios amigos ecuatorianos en las escalinatas de Rocky.

Carlos Chávez posa junto a su padre y varios amigos ecuatorianos en las escalinatas de Rocky.KATHERINE ARGUDO

La presión invisible que también juega

De boca para afuera, en las entrevistas exprés y ruedas de prensa, los jugadores siempre hablan de “motivación” y de la “gratitud” que sienten por los hinchas. Y es que esas frases se dicen para despachar rápidamente a la prensa.

Pero ¿alguien se ha detenido a pensar en la presión que generan todas estas demostraciones de júbilo colectivo? ¿Están los jugadores lo suficientemente preparados para enfrentar la exigencia de resultados basada únicamente en la voluntad de la gente?

Este es un tema de gran fondo en la salud mental de los futbolistas de alto rendimiento, un tabú en nuestro medio.

La construcción de una ilusión colectiva

El papel de la prensa dentro de todo este carnaval de ilusiones también merece revisarse.

Conceptos como “la mejor defensa del mundo”, “el mejor arquero de Sudamérica” o “el mejor volante de los grandes de Europa” sirven apenas como una promoción muy primitiva del producto fútbol. Sin embargo, en el hincha generan un nivel elevadísimo de expectativas.

Ni hablar del despliegue promocional de ese invicto de 19 partidos que acabó en el debut. Tal seguidilla sin perder significa apenas una suerte de título mundial de los partidos amistosos, mismos que la prensa apenas cuestionó en cuanto al contexto de los resultados que lo construyeron.

Ningún partido que edificó esa racha fue realmente sorprendente, impactante o convocante. La mayoría de ellos, incluso, solamente sirvieron para profundizar esa anemia ofensiva que Ecuador no puede sanar.

Bandera, escudo y pasión mundialista: el arte sobre la piel de Stefany Aquino llamó la atención de los hinchas.

Bandera, escudo y pasión mundialista: el arte sobre la piel de Stefany Aquino llamó la atención de los hinchas.Cortesía

Del relato a la realidad del Mundial

El aficionado promedio que vio el partido ante Costa de Marfil terminará cuestionándose, con razón, cómo “la mejor defensa del mundo” terminó sometida por ese demonio llamado Yan Diomande, o cómo el volante del Chelsea —uno de los mejores de la mejor liga del mundo— terminó extraviado ante sus rivales africanos.

Ahí se genera ese abismo entre expectativas y realidad que termina confundiendo el verdadero valor de las cosas.

La derrota no solo golpeó en el marcador. También desmontó un relato construido durante meses alrededor de certezas que quizá nunca fueron tan sólidas como parecían.

Curazao: el primer examen después del golpe

Rivalizar este sábado contra Curazao será, precisamente, la mejor forma de testear la valoración actual.

Si antes del arranque del torneo estaba clara la obligación de imponerse a los caribeños, hoy la exigencia está corregida y aumentada. Para poder clasificar, La Tri debe además golear a este rival y después esperar el partido con Alemania; eso sin contar los resultados ajenos de los restantes grupos y del suyo propio.

¿Estuvo preparada la selección para este escenario extremo de dependencia de terceros?

Queda claro que la ebriedad generalizada de confianza ocultó todas las posibilidades de un traspié inicial.

Hinchas ecuatorianos alientan a la Tri en las gradas del estadio de Filadelfia, minutos antes del debut frente a Costa de Marfil en el Mundial 2026.

Hinchas ecuatorianos alientan a la Tri en las gradas del estadio de Filadelfia, minutos antes del debut frente a Costa de Marfil en el Mundial 2026.Efe

Entre la esperanza y la autocrítica

“Que no haya ilusos, para que no haya desilusionados”, decía el político mexicano Diego Fernández de Cevallos.

Queda confirmado que ponerle dique a las emociones colectivas es imposible, pero sí corresponde preguntarse si el optimismo y todas sus variantes están cumpliendo un papel adecuado a la hora de generar una percepción real de nuestro fútbol y de nuestra Selección.

Porque una cosa es acompañar, creer y alentar. Otra muy distinta es convertir la ilusión en una verdad absoluta que luego la realidad se encarga de desmentir.

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