Así recuerdan a Willian Pacho en su escuela de Quinindé antes de la final Champions League
Profesores de al escuela 3 de Julio en Quinindé, Esmeraldas, recuerdan a Pacho como un joven humilde, tímido y apasionado por el fútbol

Mirian Altafuya, fue profesora del ecuatoriano. Lleva 15 años enseñando aún en las aulas donde Pacho creció.
A Willian Pacho no le gustaba escribir. Mientras el resto de estudiantes llenaba cuadernos enteros en las aulas de la escuela 3 de Julio, en Quinindé, él prefería mirar hacia la cancha, moverse inquieto en su pupitre o esperar la hora del recreo para correr detrás de la pelota.
“El problema de él era que no le gustaba escribir”, recuerda entre risas la docente Mirian Altafuya, quien fue profesora del hoy defensor ecuatoriano durante octavo y noveno año de educación básica.
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A pocos días de disputar la final de la Champions League el 30 de mayo ante el Arsenal del también ecuatoriano Piero Hincapié, la maestra cuenta que el pequeño Willian recibía ayuda de sus compañeras para ponerse al día con las tareas cuando regresaba después de ausentarse varios días por pruebas de fútbol.
“Él llegaba callado, humilde, tranquilo. Nunca fue el estudiante brillante que levantaba la mano para responder todo, pero sí uno de esos muchachos que terminaban ganándose el cariño de todos”, relata Altafuya.
En las aulas de Quinindé todavía hablan de Willian

En estas aulas funcionaban octavo y noveno de básica donde Pacho estudió.
La escuela 3 de Julio queda en Quinindé, un cantón donde muchos sueños nacen entre calles polvorientas y hogares levantados con esfuerzo. Allí pasó parte de su adolescencia Willian Pacho, mucho antes de convertirse en uno de los defensores ecuatorianos más cotizados del fútbol europeo.
En esas aulas todavía lo recuerdan como “el chico tranquilo”, el adolescente alto que nunca causaba problemas y que destacaba por su humildad.
Mirian Altafuya lleva cerca de quince años enseñando en la institución y asegura que el futbolista siempre fue respetuoso. “Muy humilde”, repite varias veces durante la conversación, como si esa palabra resumiera toda la esencia del jugador ecuatoriano.
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La docente recuerda que, incluso cuando ya comenzaba a abrirse camino en el fútbol, regresó a visitar la escuela para unos juegos deportivos y conversó con todos como si nada hubiese cambiado.
En noveno año comenzaron las ausencias frecuentes. A veces desaparecía dos o tres semanas porque debía viajar a entrenamientos o pruebas deportivas. Los docentes recibían solicitudes de permiso y decidían apoyarlo.
“Había algo en ese muchacho flaco y espigado que hacía pensar que valía la pena darle la oportunidad”, cuenta Altafuya.
Cuando regresaba, sus compañeras lo ayudaban con las tareas atrasadas. Él escuchaba atento, intentaba ponerse al día y seguía adelante. “Para todas las materias era bueno, lo que no le gustaba era escribir”, insiste la profesora.
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El perfil silencioso de Willian Pacho

José Luis Villacís, docente de estudios sociales de Pacho
José Luis Villacís, docente de Estudios Sociales y tutor de Pacho en noveno año, también guarda recuerdos precisos del adolescente. Lo describe como activo, bromista con sus compañeros y siempre educado.
“Era un estudiante lleno de sueños”, afirma el maestro.
En las canchas improvisadas de la escuela ya sobresalían ciertas condiciones físicas: su estatura, fuerza y capacidad para imponerse. Sin embargo, nadie imaginaba que terminaría disputando una final de Champions League y convirtiéndose en símbolo del fútbol ecuatoriano.
Tony Ramírez, director de la institución, admite que en ese tiempo había otros alumnos que destacaban más dentro de la cancha. Willian Pacho no era el chico que parecía destinado a convertirse en estrella mundial.
La diferencia estaba en otro lado: la disciplina, el esfuerzo silencioso y la perseverancia.
Ramírez recuerda el día en que llegaron a pedir permiso para que el adolescente viajara a probarse en el fútbol profesional. Él decidió apoyarlo y pidió facilidades académicas para que pudiera continuar con sus estudios.
“Quién sabe si allí está su futuro”, pensó entonces.
La humildad que recuerdan sus profesores
Hablar de las carencias económicas resulta inevitable. Los docentes recuerdan el esfuerzo familiar y el trabajo de su padre en el Municipio para sostener el hogar.
José Luis Villacís cree que precisamente esas dificultades impulsaron a Willian Pacho a perseguir sus objetivos. “Ese debe ser el espejo motivacional”, reflexiona cuando habla de los jóvenes de Quinindé.
Ahora, mientras en Europa lo consideran uno de los mejores defensores centrales del continente, en la escuela 3 de Julio todavía lo recuerdan como el muchacho que odiaba escribir y necesitaba ayuda para copiar tareas.
En esas aulas no hablan de millones ni de contratos. Hablan de humildad, respeto y perseverancia.