Investigación detecta que TikTok es usado para conectar redes de abuso infantil mediante códigos
Una investigación identificó comunidades que usan TikTok para intercambiar material de abuso infantil mediante códigos y migrar a otras plataformas

Referencial.Un usuario interactúa con su teléfono en medio de las críticas a TikTok por el uso indebido de la plataforma.
Una adolescente publica un video bailando una tendencia, canta frente a la cámara o simplemente comparte una selfie. A simple vista, los cientos de comentarios que recibe parecen desconectados de la publicación. Sin embargo, detrás de expresiones como "cambio", "PC", "café con pan" o "¿alguien tiene?", investigadores identificaron un lenguaje utilizado para solicitar, intercambiar o distribuir material de abuso sexual infantil.
Esa es una de las principales conclusiones de una investigación realizada por el medio español Maldita.es, que analizó 50 videos protagonizados por niñas que aparentaban ser menores de 13 años. En ese universo detectó 1.383 posibles usuarios vinculados con estas comunidades, quienes utilizaban los comentarios como puntos de encuentro para trasladar posteriormente las conversaciones hacia aplicaciones cifradas como Telegram, Zangi y Signal.
Lejos de la percepción de que este tipo de delitos ocurre únicamente en la dark web, el estudio advierte que las redes sociales masivas también están siendo utilizadas para facilitar el contacto entre agresores, aprovechando el alcance de los algoritmos y la exposición pública de menores.
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Los comentarios ya no buscan hablar con la víctima, sino encontrarse entre ellos
Uno de los hallazgos más relevantes de la investigación es que muchos comentarios no estaban dirigidos a la niña que aparecía en el video. Su verdadero objetivo era permitir que otros integrantes de estas comunidades se identificaran mediante códigos compartidos.
El estudio encontró que el 59 % de los mensajes analizados hacía referencia al intercambio de material de abuso sexual infantil, mientras que casi el 16 % correspondía a solicitudes de contenido y menos del 1 % a ofertas de venta. La lógica dominante ya no es comercial, sino comunitaria: intercambiar contenido fortalece los vínculos entre quienes participan en estas redes.
El sexólogo Rodolfo Rodríguez explica que este comportamiento responde a un mecanismo psicológico de pertenencia.
"Las personas con este tipo de trastornos siempre buscan sus pares. Es una necesidad humana querer encajar, pero cuando esa búsqueda se desarrolla dentro de una conducta patológica, el intercambio termina reforzando la conducta delictiva", señala. Además, advierte que estos grupos no se presentan como comunidades criminales, sino que emplean estrategias para normalizar progresivamente el comportamiento y disminuir la percepción de culpa.
Según el especialista, el intercambio gratuito también activa mecanismos de recompensa en el cerebro.
"El cerebro libera dopamina cuando obtiene una recompensa. Igual que ocurre en otras adicciones, muchas veces se empieza con muestras gratuitas para generar compromiso y mantener a la persona dentro del grupo", explica.
Rodríguez añade que esta dinámica facilita que nuevos integrantes pasen de ser simples consumidores a convertirse en distribuidores del material, impulsados por la necesidad de ser aceptados dentro de la comunidad.
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Un lenguaje diseñado para engañar tanto a personas como a algoritmos
Otra característica detectada por Maldita.es es el uso constante de códigos que cambian con el tiempo. Expresiones aparentemente inocentes como "PC", "café con pan", "código postal" o variaciones similares funcionan como sustitutos de términos explícitos para evitar la moderación automática de las plataformas.
La experta en seguridad informática Yan Cornejo explica que estas mutaciones lingüísticas representan un desafío permanente para los sistemas de inteligencia artificial.
"Estos grupos cambian constantemente la manera de comunicarse utilizando emojis, caracteres especiales o sustituyendo letras por números. La inteligencia artificial necesita aprender esos nuevos patrones y ese proceso toma tiempo", sostiene.
Añade que los algoritmos funcionan con información previamente conocida, por lo que siempre existe un desfase entre la aparición de nuevos códigos y su capacidad para detectarlos.
"Ellos van modificando la comunicación antes de que los sistemas aprendan esos cambios. Es una carrera permanente entre quienes intentan ocultarse y quienes buscan detectarlos", explica.
El especialista en seguridad informática Alejandro Varas coincide en que los delincuentes aprovechan precisamente esa brecha.
"Han desarrollado un lenguaje y una codificación específica que permite que los mensajes parezcan inofensivos para los sistemas de moderación, aunque entre ellos entiendan perfectamente el significado", afirma.
El algoritmo no crea el problema, pero sí amplifica la exposición
Los especialistas consultados coinciden en que la plataforma, por sí sola, no genera estas conductas, aunque sí facilita que los agresores encuentren contenido público protagonizado por menores.
Para Alejandro Varas, el verdadero problema radica en la combinación entre la exposición de los niños en redes sociales y la facilidad con la que los algoritmos recomiendan ese contenido.
"Estas personas no necesitan hackear el sistema. El propio usuario hace público el contenido y el algoritmo lo distribuye. Los agresores simplemente aprovechan esa exposición", sostiene.
En la misma línea, Yan Cornejo recuerda que muchas familias desconocen la cantidad de información que deja una fotografía publicada en internet.
"La huella digital comienza desde que se comparte una imagen. Si las cuentas son públicas, esa información puede ser localizada, indexada y utilizada por terceros. Por eso los perfiles de menores deberían mantenerse privados y bajo supervisión permanente", señala.
La especialista insiste en que la educación digital debe involucrar a padres, instituciones educativas y autoridades, ya que el fenómeno evoluciona constantemente y los delincuentes adaptan sus métodos de comunicación con rapidez.
Del intercambio en TikTok a plataformas cifradas
La investigación también determinó que más de un tercio de los comentarios encontrados contenía referencias para trasladar las conversaciones a Telegram, mientras que otras menciones apuntaban a Zangi y Signal, aplicaciones que ofrecen cifrado de extremo a extremo y mayores niveles de anonimato.
Según Maldita.es, estas plataformas funcionan como espacios donde el intercambio de material puede realizarse con menor riesgo de detección y con una capacidad de distribución mucho mayor.
Para Rodolfo Rodríguez, romper este tipo de dinámicas requiere una intervención que combine atención psicológica, acciones judiciales y prevención familiar.
"Estamos frente a comportamientos altamente adictivos. Romper ese círculo implica tratamiento especializado, acompañamiento familiar y la aplicación efectiva de las sanciones legales", concluye.
Los expertos coinciden en que la primera barrera de protección continúa estando fuera de las plataformas tecnológicas: la supervisión adulta, la educación digital y la reducción de la sobreexposición de niños, niñas y adolescentes en redes sociales siguen siendo las herramientas más eficaces para disminuir los riesgos.