Bienestar estudiantil
Disciplina positiva: la alternativa para comprender la rebeldía adolescente
Especialistas en psicología y educación coinciden en que muchas conductas consideradas rebeldes en adolescentes esconden necesidades emocionales no atendidas

La disciplina positiva propone reemplazar los castigos y gritos por estrategias basadas en empatía, escucha, límites claros y acompañamiento emocional dentro y fuera del aula.
Cuando un estudiante se siente escuchado, valorado e involucrado, es más probable que coopere y aprenda de sus errores”, sostiene la especialista en adolescencia, Silvia Loja al explicar cómo la disciplina positiva propone transformar la manera en que padres y docentes corrigen las conductas difíciles en adolescentes.
Expertos coinciden en que muchas conductas consideradas “rebeldes” son, en realidad, señales de necesidades emocionales no atendidas, vacíos afectivos o dificultades para encontrar identidad y pertenencia.
La 'rebeldía' una forma de expresión de sentimientos
Para la licenciada Silvia Loja, docente de la Unidad Educativa Particular Politécnico - COPOL, uno de los principales retos de los adultos es aprender a leer lo que existe detrás de la conducta. “Muchas veces lo que se interpreta como rebeldía no es simplemente querer llevar la contraria, sino una forma de expresar que existe una necesidad emocional no atendida: sentirse escuchado, valorado, aceptado o con mayor autonomía”, explica.
Según la especialista, señales como el aislamiento, la desmotivación, la necesidad constante de llamar la atención o las respuestas impulsivas pueden revelar problemas emocionales más profundos.
Loja basa parte de su análisis en el modelo de Disciplina Positiva de Jane Nelsen, el cual identifica las llamadas “metas equivocadas” que suelen manifestarse en adolescentes: búsqueda excesiva de atención, luchas de poder, conductas de venganza o sensación de ineptitud. Desde este enfoque, cada comportamiento comunica un mensaje oculto. Un adolescente que desafía constantemente puede estar diciendo “necesito sentir que tengo control”, mientras que quien se rinde fácilmente podría expresar “no soy capaz”. Por ello, la respuesta del adulto no debería centrarse únicamente en sancionar, sino en acompañar y orientar.
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El psicólogo y educador Luiggi Sáenz de Viteri considera que una de las habilidades más importantes para padres y docentes es aprender a comprender el contexto de cada adolescente. “La adolescencia es una etapa de retos, estás aprendiendo a regularte y a encontrar tus intereses. Si aprendemos a leer los contextos como adultos, vamos a saber si las conductas tienen relación con la familia, con la asignatura o con la relación con los docentes”, afirma. Para el especialista, muchos adultos reaccionan desde el enojo o la imposición sin detenerse a entender el origen de la conducta.
Un cambio en las formas de intervenir
Sáenz de Viteri sostiene que la disciplina positiva no implica ausencia de límites, sino un cambio en la forma de intervenir. “La dificultad es que no todos conocen los componentes teóricos de la disciplina positiva y piensan que es simplemente no tener límites o dejar que los chicos hagan lo que sea”, explica.
Desde su perspectiva, las estrategias más efectivas son aquellas que permiten corregir sin humillar. Por ejemplo, acercarse de manera privada al estudiante, evitar exponerlo frente a sus compañeros y utilizar preguntas que fomenten la reflexión. “En lugar de decir ‘¿por qué eres así?’, se puede decir: ‘ocurrió esto y algunas personas se sintieron de esta manera, ¿cómo crees tú que se sintieron los demás?’”, detalla.
Por su parte, el psicólogo clínico Abel Delgado enfatiza que muchas conductas problemáticas en niños y adolescentes nacen de necesidades básicas insatisfechas dentro del hogar. “El mayor porcentaje de conductas inadecuadas parte desde carencias, ausencias y vacíos”, señala.
Delgado explica que situaciones como familias disfuncionales, violencia intrafamiliar, sobreprotección o ambientes cargados de agresividad terminan moldeando el sistema de creencias del niño. “Si en casa existen insultos o agresiones, el niño aprende que eso es normal y luego replica esas conductas”, comenta.
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El especialista advierte que muchos adultos intentan corregir desde la frustración y no desde la comprensión. “Creen que entre más agresivos son con sus hijos, más rápido cambiarán ciertas conductas, y no es así”, expresa. A su criterio, tanto docentes como padres deben enfocarse en validar emociones, reconocer pequeños logros y ofrecer espacios seguros donde el estudiante pueda sentirse valorado.
“Muchas veces lo que el niño necesita es reconocimiento, validación y sentirse escuchado”, añade. Para Delgado, cuando un docente reconoce avances, aunque sean pequeños, fortalece la autoestima y ayuda a cubrir necesidades emocionales que quizá no están siendo atendidas en casa.
Herramientas prácicas de la disciplina positiva
Dentro de las herramientas prácticas que promueve la disciplina positiva están las preguntas reflexivas, el acompañamiento emocional, las reuniones de aula lideradas por estudiantes y el denominado “tiempo fuera positivo”, entendido como una pausa para autorregularse y no como castigo.
Silvia Loja explica que frases como “tómate un momento para calmarte y luego volvemos a hablar” pueden ayudar más que un regaño impulsivo. Además, insiste en que el cambio no depende únicamente del estudiante. “Para que los estudiantes cambien su forma de actuar, también los adultos deben revisar su forma de intervenir”, concluye.