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Diario Expreso Ecuador

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La vida debajo de una carpa

Un total de 1.903 réplicas se han registrado hasta el momento del terremoto, según informó ayer el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional.

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En improvisadas carpas construidas de viejos trapos y plásticos con espacios pequeños al lado de una antigua cancha de fútbol en el barrio San Pedro de Jaramijó se encuentran Gloria Castro Mero, Narcisa Rivera y Mayra Delgado Castro. Forman parte de algunas de las familias que perdieron sus viviendas en el terremoto del 16 de abril y después se negaron a ir a los albergues oficiales para recibir la ayuda. A los dos meses de la desgracia estas familias siguen viviendo en la desdicha y alimentándose con la poca ayuda que reciben de personas caritativas.

“Yo vivía a pocos metros de mi carpa, la casa se me destruyó y me acogí al programa del alquilamiento, realice todo el proceso para la ayuda y me dijeron que nos iban a llamar y hasta la fecha no lo han hecho. Es terrible vivir en estos lugares donde nos pega el sol, el viento a veces nos destruye las cosas”, indicó Mayra Delgado, de 21 años, y madre de tres hijos, su esposo es pescador y no gana mucho dinero.

Una experiencia similar en ese sector de Jaramijó relata Narcisa Rivera, otra madre de familia a la que hace días el viento destrozó su carpa de plástico y se vio obligada a regresar a su antigua casa destruida en un 60 %. “Perdí todo y ahora el viento acabó con mi carpa y obligadamente regresé a mi casa con los siete miembros de mi familia a pesar de las condiciones en que se encuentra. Soy sincera, me he negado ir a los albergues porque hay cosas en mi casa que se pueden rescatar y si nos vamos se nos pueden perder”, recordó Rivera.

La mujer junto a otras familias ayudaban la tarde del jueves a sacar escombros, mientras otros integrantes buscaban la forma de volver a parar ladrillos en las paredes destruidas.

En la calle 110 y avenida 102 de la parroquia Tarqui de Manta a simple vista se aprecian cerca de una veintena de carpas de plásticos y colchones en el arcilloso suelo. En un espacio descansando se encuentra a Elio Gonzalo Moreira, de 81 años, quien a pesar de no estar cómodo, dice sentirse contento porque está junto a su familia y no le falta nada. Este albergue también acoge personas que se negaron a ser trasladadas a los oficiales. “La ayuda sí está llegando con alimentos y a veces vienen médicos, algunos de los que estamos aquí perdimos nuestras viviendas y lo que ha quedado de ellas las cuidamos”, indicó Moreira.

Los niños juegan por la zona y alegran el lugar, pero los habitantes del sector indicaron que tienen problemas de energía eléctrica que por las noches y las tardes se les va. “Esto nos perjudica porque tenemos al lado una refrigeradora y se nos dañan los alimentos, no sabemos a quién acudir a pesar de que el problema ha sido reportado y nadie nos da una solución”, indicó Solanda López, otra de las damnificadas.

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