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El uso de la via y aceras por lavadoras genera molestias
La informalidad se mantiene en la ciudadela Modelo, pese a las ordenanzas y la prohibición de estacionarse. Los vecinos se quejan de la bulla y el tráfico.

Es una situación repetida. Pese a los controles y a las prohibiciones, las lavadoras informales de vehículos se mantienen en las aceras. En la ciudadela Modelo (que colinda con la Nueva Kennedy), más de una decena de lavacarros se asientan en dos veredas de las avenidas principales a ofrecer un servicio más barato.
“Venga, le lavamos el auto, lo dejamos brilloso. Venga, venga”, dice un joven de acento venezolano, al tiempo que mueve una franela roja en señal de oferta. El costo: cuatro dólares.
“Es más barato que en Sauces 9. Allí cuesta cinco dólares”, dice Jacinto Burgos, un conductor que de vez en cuando busca estos servicios “exprés” para ahorrarse el ingreso a un local de autolavado donde el servicio cuesta cuatro veces más. “Aunque allí sí lo pulen y lo aspiran”, reconoce.
El costo, dice Julio Ávila, otro conductor, se incrementa porque el servicio es mejor y porque “esas lavadoras pagan arriendo de local. Ahí cualquier servicio incrementa su costo”, sostiene. En la calle no hay esas exigencias. Sin embargo, el uso de la vía pública genera molestias en el barrio, daños en la calzada y alienta la informalidad. Algunos vecinos de la Modelo consideran que ya no hay remedio y se han resignado.
Así lo cuenta Modesto Rosero, residente de la también conocida barrio Chemís. “El problema, más allá del ruido por el ir y venir de los carros y el sonido de las bombas, es por el tráfico. Hay horas picos en donde se forman trancones y es complicado, pese a que esta avenida es amplia”.
Se refiere a la avenida 9, donde se asienta la unidad educativa del milenio Ileana Espinel. Allí hay varios lavacarros ocupando la acera, aunque en menor cantidad que las que utilizan la avenida Primera, frente al hospital de la Policía.
Para Marisol Contreras, otra vecina, la situación ya ha sido reportada en repetidas ocasiones, como publicó este Diario en enero pasado, en cuya nota, el vocero de la municipalidad de Guayaquil, Jorge Rodríguez, explicaba que el trabajo de operativos para evitar esta actividad tenía que ser coordinado con el Municipio y la Autoridad de Tránsito (ATM), por el tema de los vehículos.
“Y en alguna ocasión hicieron operativos, colocaron letreros de prohibido parquear. Aunque pasen los patrulleros, los lavadores no se van, ocupan las aceras y con eso la molestia también para los peatones”, resalta Jonathan Rivadeneira, otro morador. Esta avenida tiene un colegio y los estudiantes deben salir a la calle porque la acera está ocupada, refiere.
Luis Lalama, director de control de tránsito de la ATM, indicó a este Diario que los patrullajes en la zona son constantes. “En caso de encontrar vehículos parqueados en zona donde está prohibido extendemos una citación al vehículo. Y, aunque no haya carros en el lugar, le explicamos a esas personas que esa actividad informal está prohibida por ordenanza municipal”.
Lo corrobora el director de Uso de vía pública, Efrén Baquerizo, quien explica que la ordenanza prohíbe realizar trabajos en la vía pública los cuales generen riesgos, molestias y perjuicios al vecindario. Los controles los realiza la dirección de Justicia y Vigilancia.
Las aceras son ocupadas por tachos, máquinas y carpas para instalar los puestos informales para dar un servicio que es requerido por conductores.