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Otra vez el arroz
La semana pasada el ministro de Agricultura tuvo que dirigirse en un acto de pública protesta a los productores arroceros, quienes se quejaban de la caída del precio del producto, y con ello su incapacidad de cubrir costos de producción, enfrentándose a una situación calamitosa.
La verdad sea dicha, en los últimos años no se ha hecho mucho por la agricultura en Ecuador. Quizá lo mejor que se hizo fue dejar que los precios se liberen, lo que permitió a los agricultores trasladar sus costos al consumidor. Sin embargo, la situación del arroz es diferente y requiere una atención mayor, así como políticas públicas y de estrategia alimentaria claras.
El arroz es un producto de mercado residual. Esto significa que la oferta exportable respecto de la producción mundial es reducida; en este caso un poco más del 10 %. La mayor parte de la producción se consume en los países productores. Cuando hay pequeñas variaciones en la producción mundial, la oferta exportable se afecta muchísimo, generando que los precios internacionales suban o bajen enormemente. En un mundo globalizado, el impacto en los precios locales es muy rápido, haciendo que el precio se desplome destrozando al productor, o se eleve a las nubes golpeando al consumidor. En la realidad ecuatoriana, la enorme fragmentación de la propiedad de la tierra en la cuenca baja del Guayas pone en riesgo la supervivencia del pequeño productor, y cuando el precio sube demasiado, limita el consumo de un producto esencial para la dieta de la población. Es por esto que el Estado debe intervenir sustentando el precio, así como subsidiar el consumo en el caso inverso. Infortunadamente en ambos casos los recursos deben provenir del Estado, aun cuando la instrumentación -especialmente para evitar corrupción- no debería.
No es un tema sencillo y sin duda muchos liberales criticarán que se intervenga, pero este es un caso de no eficiencia de mercado, y los riesgos de no hacerlo pueden ser migraciones rural-urbanas, o caída en la ingesta básica de alimentos. Puede también ocasionar una caída en la popularidad política, por si acaso.