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Tragedia nacional y solidaridad
Parecería que el dicho ortegiano de “el hombre y su circunstancia” cuaja también cuando se refiere a grandes comunidades o sujetos colectivos en situaciones difíciles, como ha sucedido actualmente en Ecuador, con expresiones concretas de sus clases sociales respecto a manifestaciones de solidaridad y cooperación como consecuencia del sismo del 16 de abril y sus réplicas.
Teniendo como antecedentes los elevados debates que en las últimas décadas se dieron sobre la existencia de la nación y de la identidad ecuatoriana entre grandes referentes culturales como Agustín Cueva, Jorge Enrique Adoum o Miguel Donoso Pareja, entre otros, parece que la dinámica social ha provocado una serie de cambios sociales, culturales y de mentalidad, principalmente.
Sucintamente, esos cambios se han dado en el crecimiento de las clases medias, la participación más activa y descollante de las mujeres, el reconocimiento de la diversidad sexual y familiar, el incremento de niveles de escolaridad, la secularización de la sociedad, la emigración internacional, la internacionalización del mercado interno y la desnacionalización de las actividades económicas, etc.
La tragedia nacional del 16 A se ha convertido en una oportunidad para que todos los ecuatorianos nos reencontremos como ciudadanos y connacionales, más allá de las clases sociales, estatus profesionales o étnicos, actitudes político-partidistas, entre otros roles y situaciones, reales o imaginados. Nos identificamos desde la racionalidad y el sentimiento por ser y sentirnos ecuatorianos y, por ende, solidarios con nuestros compatriotas afectados por el sismo. No es una manifestación epidérmica o circunstancial, sino que adviene como una expresión sentida desde lo nacional, como seña de una identidad construida por encima del localismo.
La movilización nacional de la sociedad y el empresariado, que se ha producido desde el mismo día de la tragedia y hasta la fecha, debe ser retribuida por el Estado evitando los descalificativos a estos emitidos por el caudillo, como sucedió en el Vaticano.
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