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El temido examen de la prostata

Parece una broma infaltable entre amigos. Cuando uno de los miembros del grupo está por cumplir los 40 años, aparece aquel que le dice que ya es hora de ir a urólogo para que le practique el examen de próstata. Siempre la misma broma y no faltan las sonrisas vergonzosas como respuesta. Pero detrás de los chistes, hay un tema serio, pues se trata de un paso que los hombres no deben saltarse.
Ernesto Díaz Jalón, urólogo con 25 años de experiencia, reconoce que el tema cultural influye, pues algunos creen que se atenta a su hombría. Aunque dice que ahora, afortunadamente, los pacientes cuentan con más información y son ellos, por voluntad propia, quienes van a consulta. Eso no ocurría cuando comenzó a ejercer. Tenía que convencerlos y no siempre lo lograba.
Este profesional, quien además es docente de la Universidad de Guayaquil, explica que a los 40 años hay que someterse al primer examen cuando existen antecedentes de cáncer en sus familiares más cercanos. Si no es así, es importante que se haga uno cada año desde los 50.
¿Es inevitable saltarse este paso? Lo es. Y cuando recibe a sus pacientes les comenta todo lo que las mujeres deben pasar con los papanicolaous o hasta las colonoscopias. “Esto es realmente algo menor si lo comparamos con lo que ellas deben enfrentar”, dice este médico.
Y recuerda que cuando algo extraño se detecta al hacer el tacto, se envía un examen de sangre y si los niveles de antígeno prostático específico están altos, deberán pasar por una ecosonografía transrectal, algo que tampoco les agrada a los hombres.
Pero, ¿qué es la próstata? Es una glándula que está situada por debajo de la vejiga y que desde la pubertad hasta los 40, da cierto tipo de características al semen. Desde los 40 hasta casi los 50, comienza a crecer, aparentemente por un desajuste hormonal. Entonces se presentan ciertos síntomas, como problemas al orinar: el fluido no tiene la potencia correcta, a veces hay detención del chorro o gotea después. Eso muestra una obstrucción. Pero también puede haber síntomas irritativos, que es cuando se presenta mucho deseo de ir al baño, pero al llegar allí orina poco.
Aunque la glándula crece benigna en casi el 70 u 80 % de los casos, hay que estar pendientes del porcentaje restante. ¿Y cómo se trata? Depende. Algunos mejoran con medicamentos y otros deben someterse a cirugía.