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Superar la inaccion
un evidente desánimo acompaña a la crisis que sufre el Ecuador y, al agrandarla, hace más difícil la posibilidad de superarla con éxito.
Bien se ha hecho notar (Boaventura de Sousa Santos) que en ocasiones se llega hasta a la autoflagelación como producto de la mala conciencia generada por la pasividad. Cabe entonces, tratando de llegar a la raíz de esa perniciosa y expandida sensación de abatimiento, entender las razones del desencanto, superar la inacción y alcanzar la tranquilidad de conciencia generada por el leal cumplimiento de los deberes cívicos.
Debe estar claro, Alfaro “dixit”, que no hay nada más doloroso para un patriota que ver a su país sufriendo toda suerte de calamidades y cruzarse de brazos, cayendo en el grave pecado de la inercia.
El Ecuador está sufriendo en estos días diverso género de agresiones en el marco de una dura crisis que, siendo en este último año de base económica, ha devenido obviamente en crisis política y por tanto, ahora es también crisis social.
Sabiendo, con Martí, que la mejor forma de decir es hacer, pareciera haber llegado el tiempo de las decisiones. Maldecir las oscuridades que vienen del pasado no es ni siquiera un factor de consuelo. Con una dirigencia -salvo las excepciones que confirman la regla- mediocre y sin iniciativas, el gran pueblo ecuatoriano debe hacer de la actual coyuntura el factor determinante de una reacción positiva que permita que vuelvan a primer plano los valores que le han dado lustre a la República. Con fe en el porvenir y la voluntad de trabajar sin desmayo, es imperativo hacer juntos el diseño de “la Nación por construir”, en la que predominen valores hoy ausentes y agraviados. Ese proceso de creación compartida del futuro permitirá recuperar el ímpetu que ahora se extraña. Si los ecuatorianos no han sucumbido en el pasado a los embates de la naturaleza, tampoco ocurrirá ahora.
El gran pueblo que mayoritariamente constituye la República, adquirió resiliencia frente al dolor y las situaciones adversas.
No lo pudieron derrotar ni los piratas ni los incendios. Ni las erupciones volcánicas ni los terremotos. Tampoco los malos gobiernos o la corrupción podrán hacerlo.
La actual negativa situación se resuelve entrando en acción. Pareciera que ese camino se ha empezado a andar y ya no hay marcha atrás.