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Subsidios: otra proclama
Ecuador vuelve a reciclar intenciones y titulares con la posible eliminación de subsidios a las gasolinas, eufemísticamente rebautizada como focalización. Ese eco noticioso se renovó en 2015 cuando las estaciones estatales igualaron el precio del combustible súper al de los surtidores comerciales. Y ahora vuelve a resonar, en medio de un discurso de crisis, escasos recursos y deudas heredadas que se prolonga desde hace un año.
La proclama reciclada, de momento, ha seguido la senda de otros anuncios oficiales anteriores. Es decir, no ha pasado de las palabras. La urgencia de recortar los gastos públicos, aunque sea por la vía de los subsidios y no del rubro corriente, se mantiene en una inconcreción ejecutiva que contrasta con las necesidades económicas del país.
Las cuentas nacionales no resisten el dispendio de dólares que alimentan al Estado, sus proyectos y sus programas. Menos, si el país, por cuestiones de dolarización, se ve obligado a enfrentar complicaciones ajenas. Una eventual eliminación del subsidio a las gasolinas atajaría en parte el contrabando de combustibles en la frontera, al igualar el precio de los derivados nacionales al de fuera. Pero se pueden señalar dos puntos que diluirían esa ansiada solución: primero, si el subsidio se mantiene, por cuestiones de competitividad, para los vehículos de transporte y pesados, el contrabando de los mismos permanecerá igualmente. Y, segundo, igualarse a Colombia y Perú no es una meta materializable con una sola disposición.
Si es cuestión de sincerar precios para evitar distorsiones creadas por el Estado, el mismo argumento cabe para los aranceles, el Impuesto a la Salida de Divisas o la inseguridad jurídica derivada de la intensa creación normativa. Todo, al fin y al cabo, siembra en pro o en contra de la competitividad. Con el dólar como moneda, Ecuador tiene un escollo adicional para competir con sus vecinos. Por tanto, no se trata solo de igualar el precio de la gasolina a costa de una población que, dado su tamaño, tampoco resulta atractiva ‘per se’ para los mercados y los inversores. Ese punto, el de la atracción de dinero fresco, se frustra cuando la atención vuelve la vista atrás, justo al momento en que la gestión pública eligió apuntalarse con una lluvia de anuncios, justificados por un discurso de crisis imprevista, que después no terminan de concretarse.