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Semana de grandes tensiones

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Se aproxima el cierre de la campaña para elegir nuevos mandatarios del Ecuador y sus habitantes sufren tensiones mucho más grandes que en ocasiones semejantes.

Ocurre que no se trata solo de la incertidumbre propia de la falta de certeza respecto a quiénes serán los triunfadores, sino que a esa incertidumbre se suma el impacto que sobre la credibilidad de las encuestadoras se ha venido sembrando sistemáticamente, en forma tal que una de ellas, entre las más prestigiosas, está siendo sometida a los tribunales de la República y quien patrocina la demanda es nada menos que una de las vicepresidentas de la Asamblea Legislativa. Por su parte, la encuestadora se reserva el derecho de actuar de igual manera.

Con ese clima por delante, es de esperar que esta semana recrudezca la guerra sucia, y la mentira es uno de sus instrumentos mayores. Bien se ha dicho que en toda guerra -y la campaña electoral se ha asumido como tal- la primera víctima es la verdad. Si se observa disminuida la credibilidad de las empresas encuestadoras, la de la palabra de los políticos es prácticamente inexistente.

Buena muestra de que ello ya se está dando en la serie de acusaciones, muchas francamente tan fantasiosas que más bien motivan reacciones de buen humor, pero algunas otras francamente lesivas a la dignidad de los candidatos y por supuesto a la de quien se atrevió a esgrimirlas.

En medio de ello no ha faltado lo teatral y se dan, por ejemplo, juramentos de probidad ante un notario vinculado, al tiempo que se exige igual comportamiento al candidato que antes lo exigió. Sin embargo, siguen sin esclarecerse cuestiones que ya deberían haber sido transparentadas para tranquilidad de los ciudadanos y logro de certeza en su decisión al sufragar.

Mientras tanto, continúa la desaforada inauguración de obras públicas con discursos teñidos de prohibidas manifestaciones electoralistas y plena promoción del candidato oficial, para continuar un esfuerzo que se estima trascendente para el futuro del país, pese a las mayoritarias opiniones en contrario.

También y con el propósito de no tener que tomar medidas de austeridad, se mantiene el gasto público a base de nuevos endeudamientos, lo cual hipoteca el futuro y deviene en una carga onerosa para los contribuyentes y para cualquiera que sea el nuevo gobierno.

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