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Diario Expreso Ecuador

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Y ahora... lo seguiran negando

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con estrecha vinculación con cualquier tipo de regímenes totalitarios (algunos lo son para tratar de ocultarla), la vieja corrupción que algún cínico quería mantener “en sus justas proporciones” aparece desbordada en América Latina.

Lo de Brasil es patético: la corrupción tiene el tamaño del país y no deja títere, ni titiritero, con cabeza. Petrobras y Odebrecht aparecen como las vacas pública y privada que todo el mundo ordeñaba. Lo de mundo no es una metáfora. Las actividades de esas grandes empresas eran de ámbito planetario que, sin duda, en todas partes se cuecen habas. Lo bueno del cuento es que con todo y todo, la justicia funciona con relativa independencia y la libertad de expresión tiene posibilidades de hacer denuncias. Por eso ha logrado saberse lo que se sabe y se puede calcular la magnitud del saqueo.

Mientras tanto, en Venezuela, con una enorme renta petrolera y múltiples otras riquezas, la culpa de todos los males se atribuye ahora a los bachaqueros, a esos que contrabandean con los alimentos subsidiados. Medida para contrarrestarlos: una cárcel especial para bachaqueros... Ojalá prime el diálogo en la búsqueda de soluciones a un conflicto que tiene el combustible del hambre creciente entre los riesgos mayores de una potencial explosión social, para nada deseable, aunque cada vez más posible. ¡Es increíble cuánto han asaltado a Venezuela!

Por su parte, la Argentina continúa evidenciándonos la magnitud del atraco a que ha sido sometida. Superada la visión de las cajas fuertes gigantes en las mansiones del poder político, se ha podido observar después a los herederos de la corrupción contando los mal habidos dólares o, enmaletados por millones, echándolos detrás de los muros de un convento, a ver si Dios se los cuida.

¿Será que todavía tienen los defensores de esos delitos el desparpajo suficiente para seguir sosteniendo que las denuncias son el producto del odio que la prensa corrupta tiene por los gobiernos antiimperialistas y progresistas del siglo XXI? ¿Y habrá todavía zoquetes que se lo crean? Pienso que no. Hoy los silencios son complicidades.

huertaf@granasa.com.ec

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