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El Salado como via alterna para atender las emergencias
Con la estación fluvial, la primera en tierra en la ciudad, los bomberos pretenden llegar más rápido a los incendios.

Hace varios años que Marcos Zúñiga, médico general, no practica kayak en el estero Salado, a pesar de tener su vivienda cerca de la ribera de ese brazo de mar. No se siente seguro navegando en esas aguas, pues indica a EXPRESO que a sus 55 años ya no es tan hábil para nadar, algo vital por si se llegara a caer del bote. “¿Quién me salva?”, dice.
A Ricardo Salazar, de 23 años, morador de la Alborada, quien disfruta de pasear por el malecón del Salado, le pasa algo similar. A él le gustaría practicar la pesca recreativa o el paddle boarding en el Salado, pero no lo hace, precisa, porque teme caerse y que nadie pueda ayudarlo.
Incentivar a que ciudadanos como Zúñiga y Salazar practiquen deportes seguros en el sitio, además de atender las emergencias en tierra y agua de forma rápida, es la razón por la que el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil instaló hace poco, la estación Compañía Almirante Juan Illingworth No. 69 en las riberas de ese cuerpo hídrico, en la avenida Barcelona. Lo asegura el mayor Carlos Alberto Mallarino, jefe de la División Especializada Fluvial de la Casaca Roja.
El complejo, donde permanecen hoy al menos una decena de bomberos, tiene desde dormitorios y una oficina de comandancia, hasta oficinas de descanso y un espacio con máquinas para hacer ejercicios.
“La labor consiste en hacer rescates acuáticos, salvatajes de ahogados, búsqueda y rescate de cuerpos; y en llegar rápido a los incendios que están en la ribera del estero”, indicó Mallarino, quien precisó que si bien los bomberos siempre han tenido acción en el Salado, nunca antes habían contado con un cuartel en él.
Con acceso al estero, Mallarino explica que los botes llegarán por agua más rápido que como lo hacen los carros por tierra a los flagelos. Esto, porque no existe el problema del tránsito. Antes, en agua, los bomberos solo cubrían las emergencias en el río Guayas, desde el barco Huancavilca, y en la isla Puná.
“Ya era hora de que se aprovechen estas aguas. Y es que aunque no se han dado muchos incendios por mi vecindario, lo que tengo claro es que los carros de bomberos no alcanzaban a llegar. Ahora que están, nos sentimos más seguros”, comentó Ana Alvarado, moradora del barrio Garay.
El personal de la Casaca Roja no precisa cuántas emergencias al año se han reportado en este brazo de mar que recorre la ciudad, pero sí advierte que los casos han sido recurrentes, a tal punto que fue necesario pensar en la estación.
Antes de los bomberos, quienes eran los encargados de socorrer todas las emergencias en el Salado era el personal de la Armada. Sin embargo, después de un comodato que hizo la Casaca Roja con el Municipio de Guayaquil, se instaló el cuartel en ese terreno donado por el Cabildo.
“Así damos a la ciudadanía apoyo desde este lado, porque antes lo hacíamos solo desde el río Guayas”, mencionó Jaime Roditi, capitán de la compañía, dotada de dos botes zodiacs (para movilizaciones rápidas) y tres de rescate contra incendios con capacidad para 25 personas cada uno que, según lo previsto, llegarán en los próximos días.
“Con la estación queremos darle vida al lugar. Incentivamos a que lo hagan. No queremos que los deportes acuáticos se practiquen solo en épocas de fiesta de la ciudad, sino siempre. Es necesario”, detalló Roditi, al hacer hincapié en que con la obra, cuyo muelle mide alrededor de 120 metros de extensión, se espera también ahuyentar a la delincuencia y trabajar en la idea de no arrojar basura.
“Si el lugar es visitado, si cada vez hay más turismo, la gente lo va a respetar. Es lo que siempre como morador he dicho. Hay recuperar el Salado, que es parte de nuestra identidad”, agregó Flor Cruz, de 70 años y habitante también del barrio Garay.