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Los sabados quedan liberados del cronograma escolar

Aunque el calendario escolar será revisado, lo que sí está establecido es que las clases se iniciarán el próximo 16 de abril.

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Está decidido y la prueba es el acuerdo ministerial 26-A. En cinco artículos se expide una normativa para regular el cronograma escolar y la meta principal, según el documento oficial, es “respetar el tiempo libre y los días de descanso de los niños, niñas y adolescentes, así como del personal docente”.

En pocas palabras: cualquier recuperación de clases, así sea por caso fortuito que se haya dado su cancelación o actividades extracurriculares, deben ser planificadas de lunes a viernes. Con esto, la programación que se había anunciado para el régimen Costa está sujeta a modificaciones.

Sin embargo, en el mismo acuerdo se deja la posibilidad de excepciones “debidamente justificadas y presentadas a las Direcciones Educativas Distritales de cada jurisdicción”, para convocar a los alumnos los fines de semana.

Fander Falconí como ministro de Educación dispuso esta nueva normativa que será obligatoria para instituciones públicas, particulares, fiscomisionales y municipales en todo el país.

La queja la pusieron los profesores y los padres de familia

Profesores, padres de familia y estudiantes cuestionan el calendario escolar 2018-2019 del régimen Costa elaborado por el Ministerio de Educación, que establece varias actividades que deberán desarrollarse los sábados en las instituciones educativas.

En el documento constan mingas por la educación, encuentros familiares, ferias y actividades por el Día Mundial del Reciclaje, el Día Internacional de la Defensa del Manglar, Fiesta de la Lectura, Día de las personas con Discapacidad, Día de la Educación Ambiental, entre otras, que están programadas para los fines de semana.

Para los docentes, esta planificación los obligará a trabajar los sábados y dejar a un lado las actividades familiares; mientras que a los padres les trastocará las actividades extracurriculares privadas que tienen programadas para sus hijos.

El mismo ministro de Educación, Fander Falconí, aseguró el miércoles pasado en Guayaquil que tampoco comparte la idea de que los docentes y estudiantes tengan clases los sábados. Por ello ofreció revisar el cronograma escolar que, según aclaró, fue diseñado en la anterior gestión del Ministerio.

“Los temas pedagógicos deben resolverse en la clase, en el aula. El fin de semana es de la familia, los chicos, la comunidad. Vamos a revisar el cronograma y a resolver este legítimo pedido del magisterio, a partir del próximo ciclo Costa”, reiteró Falconí, quien no descartó la posibilidad de que excepcionalmente haya clases de recuperación el mencionado día.

Pero el rechazo de la comunidad educativa sigue latente. “En ningún país la jornada pedagógica se extiende hasta los sábados. El agotamiento de todos es determinante en los resultados de aprendizaje”, dijo Hipólito Cabrera, quien labora en un colegio fiscal de la ciudad y el año lectivo anterior tuvo que asistir, junto a sus alumnos, a varias actividades programadas los fines de semana.

“Nosotros también tenemos familias, por lo que la petición y la voz del maestro debe ser escuchada”, añadió.

Mariela Sánchez, docente con 15 años en el magisterio, cree que en las horas de clases se puede cumplir con lo planificado. “No es necesario acudir al colegio los fines de semana que es para descansar y recobrar energía después de cinco días de trabajo agotador frente a la pizarra”.

Los padres de familia también lanzan su voz de protesta, especialmente quienes tienen a sus hijos en academias para perfeccionar algún idioma o arte, así como aquellos que los envían a catequesis para la primera comunión. “Si el calendario no se cambia, tendré que retirar a mi hijo de sus clases privadas de inglés para que pueda ir los sábados al colegio”, expresa Mariana Larrea.

Para Adela Murillo, madre de dos estudiantes, una semana laborable de seis días es agotadora para los niños. “Solo el domingo les quedaría para hacer deberes y al día siguiente retornarían cansados a clases”, anota esta madre que espera que se cumpla el ofrecimiento del ministro Falconí.

El docente ecuatoriano labora seis horas pedagógicas, de lunes a viernes; y dos horas trabaja fuera del aula para completar las 40 horas de labores establecidas por el ministerio.

Sin embargo, los maestros explican que ellos laboran más de ocho horas diarias, ya que desde sus casas deben elaborar planificaciones, material didáctico, revisar exámenes y preparar las clases que deberán impartir a sus alumnos.

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