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Como el Reino Unido dejo de ser ‘cool’

La reciente reunión entre la canciller alemana Ángela Merkel y la primera ministra británica Theresa May en la capital estonia de Tallin resultó un retrato de contrastes. Merkel ha buscado la apertura y el internacionalismo y lidera un país con una base industrial de primera y fuertes lazos comerciales internacionales. May habla más sobre el pasado que sobre el futuro, y ha denigrado a los “ciudadanos del mundo”, mientras asegura defender la confusa identidad nacional de su país. La dinámica Merkel-May demuestra, entre otras cosas, cuán cíclica puede ser la historia. Hace veinte años, Alemania era el “enfermo de Europa” que luchaba por disipar sus demonios para poder mirar hacia el futuro. En cambio, el Reino Unido se había convertido en “Cool Britannia”. En 1997, gran parte del mundo escuchaba “brit-pop” y los mejores artistas, diseñadores de moda y arquitectos británicos eran lo máximo en sus respectivos campos. Incluso los “chefs” británicos eran vistos como árbitros globales del gusto, para pesar de sus colegas franceses. Yo formé parte de ese momento de renacimiento nacional. En el informe BritainTM: renovando nuestra identidad, propuse una estrategia de reposicionamiento de la marca nacional que fue recogida por el gobierno del nuevo laborismo del primer ministro Tony Blair. Se trataba de repensar la idea de “lo británico” para después volver a presentar el RU al mundo. Era necesario reposicionar la marca. A mediados de los noventa se había instalado una niebla de malestar sobre la política británica. El primer ministro John Major había perdido el control del Partido Conservador, y una decreciente confianza pública en las instituciones del país alimentaba la ansiedad entre los votantes. El RU, una vez conocido como el “taller del mundo”, se había convertido en una economía de servicios. ¿Cómo pasó el país del cosmopolitismo al nacionalismo y al nativismo? El reposicionamiento de la marca RU fue víctima de su propio éxito. Al incluir a los ciudadanos previamente excluidos, el nuevo relato nacional hizo que los que se situaban en el centro de la versión más antigua y estrecha se sintieran como una minoría amenazada. Y contraatacaron cuando llegó el “brexit”. Desde que sucedió a Cameron, el objetivo principal de May ha sido apelar a las emociones de las viejas tribus que formaban el núcleo de la versión thatcheriana de lo británico (los que se sintieron marginados en Cool Britannia). Sin embargo, la demografía determina que un RU nuevo y abierto sustituirá al antiguo de forma inevitable. La mayoría de las encuestas manifiesta que el país se está volviendo cada año más liberal y tolerante. Pero el voto del “brexit” nos enseña que las políticas identitarias -manifestadas en los temores de los votantes mayores, blancos y con menor educación- pueden causar estragos en el interregno. ¿La ola populista retrocederá una vez que una masa crítica de votantes empiece a sentir los efectos del “brexit” en la economía? Sin duda Merkel se ha hecho preguntas similares desde las elecciones federales alemanas del mes pasado. El hecho de que la extrema derecha de Alternativa para Alemania obtuviera avances sin precedentes mientras el partido de Merkel perdiera apoyos se relaciona con su audaz política de puertas abiertas durante la crisis de los refugiados. Ahora puede estar preguntándose si la Willkommenskultur (cultura de bienvenida) que ella ha promovido tendrá el mismo destino que la Cool Britannia de Blair. Y tal vez May será víctima de su propio oportunismo, pues lo lógico es que tarde o temprano el RU vuelva al camino de la apertura.