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El regreso de Lasso: conceder y proponer

“Los hechos consumados son los que son”, dijo en referencia a la posesión del presidente electo Lenín Moreno, a quien desde el 19 de abril se había negado a reconocer como tal.

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Hace 34 días que no se encontraba delante de las cámaras y las grabadoras. Guillermo Lasso tomó el micrófono ayer, en Guayaquil, para chocarse con la realidad: “Los hechos consumados son los que son”, dijo en referencia a la posesión del presidente electo Lenín Moreno, a quien desde el 19 de abril se había negado a reconocer como tal. Pero también para incluirse en el tablero de su “nuevo ciclo” con un listado de 10 propuestas.

No es una agenda de oposición. Es, en realidad, una propuesta dirigida al propio Moreno a quien, en tono exigente, plantea una agenda “para el reencuentro nacional”.

Es un decálogo. Las 10 propuestas recogen la visión de lo impostergable que, a criterio de Lasso, el nuevo Gobierno debe atender. Las enuncia con la mirada en el guion, una costumbre que ha asumido desde las últimas elecciones, evitando la improvisación verbal. Son puntuales, pero no específicas.

En cierto modo ha sido este un demorado discurso de concesión. Solo en cierto modo. Porque aunque se refiera al presidente electo como “el licenciado Moreno” o “el candidato del Consejo Nacional Electoral” o “el fraude”, Lasso se dice comprometido con los casi cinco millones de votos a su nombre. Eso significa que “Moreno será posesionado como presidente” y que “frente a esa realidad hay que mirar el parabrisas más que el retrovisor”. Es la renuncia formal a la etiqueta de ‘excandidato’ para asumir la menos pomposa de ‘opositor’.

¿Qué significa eso? Que la mirada de Lasso, tras el tiempo de reflexión, se enfocará tanto en la agenda nacional como en el fortalecimiento del partido. Una meta etérea que no lleva, de momento, la seguridad de una tercera candidatura a la presidencia. “Es prematuro”, ha zanjado ante la pregunta de un periodista.

Y eso desconcierta. Porque desde hace casi seis años que no es otra cosa sino un candidato. Y porque, por la fuerza de la costumbre, los militantes que se convocaron para escucharlo le gritaban: “Lasso presidente”. Y cuando su rostro ya no pudo ser suficientemente claro, lo fueron sus palabras: “Les ruego que dejemos los gritos de campaña para cuando haya una campaña”.

No es ese el momento. Este es el momento de Moreno y el nuevo Gobierno. Y, cree él, una nueva oposición. Que esta vez, sin reuniones ni amabilidades, diga algo más que no.

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