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Reforma de Arabia Saudita

Tras casi dos años de que los precios del petróleo iniciaran su precipitosa caída, los principales productores globales enfrentan la perspectiva de importantes ajustes con consecuencias económicas, sociales y políticas de amplio alcance, que representarán un reto importante -especialmente para países de ingresos medios como Arabia Saudita, que carecen de los enormes fondos de riqueza de los Emiratos Árabes Unidos, pero que asimismo, brinda una gran oportunidad de considerar maneras más productivas de organizar sus sociedades. Parece que Arabia Saudita ha aceptado este desafío, pues ya dio a conocer su plan Visión 2030, destinado a asegurar un crecimiento sustentable a largo plazo.
El plan busca convertir al reino en la decimoquinta economía más importante del mundo en los próximos veinte años, caracterizada por su fuerza laboral calificada, mercados abiertos y buena gobernancia. Para lograrlo es esencial diversificar su cartera de activos, vendiendo acciones en el gigante petrolero estatal Aramco y creando un fondo de riqueza soberano. Sin embargo, Visión 2030 no aborda una cuestión crucial: la baja participación de la fuerza laboral. Para tener éxito, Arabia Saudita tendrá que transformar su estructura de incentivos, de manera que los sauditas, no los inmigrantes, ocupen los nuevos empleos creados por el sector privado. Hoy el acuerdo político subyacente del reino depende de las alianzas de la familia real con los empresarios, que tienen luz verde para importar mano de obra, y de empleos garantizados en el sector público para los ciudadanos. En muy pocos países los ciudadanos aceptarían una competencia tan abierta planteada por la mano de obra extranjera. Lo hacen porque ellos están empleados por el Estado con salarios “mínimos” por encima de los del mercado. Si la brecha salarial entre ambos sueldos no se achica drásticamente, los ciudadanos sauditas simplemente no trabajarán en el sector privado. Cada vez que el reino ha intentado reducir la contratación en el sector público, el desempleo ha aumentado. En el marco del sistema actual de incentivos, los planes de las autoridades de privatizar empresas y mejorar la productividad de la administración pública en realidad destruirán los puestos de trabajo ocupados por los sauditas.
El desafío de crear empleos para ellos puede parecer un problema de ricos. Algunos dirán que todo lo que el reino necesita hacer es sustituir a los trabajadores extranjeros por ciudadanos sauditas en los puestos existentes, pero una simple sustitución no bastará. Los empleos actuales exigen demasiadas capacidades o no las suficientes, y se necesitará un cambio estructural para mejorar los empleos manuales. Las empresas deben no solo pagar lo suficiente como para atraer a los sauditas a estos puestos, sino también empezar a capacitarlos, para impulsar la productividad, lo que presupone que el mercado laboral se volverá más ajustado. La solución productiva, por ende, requiere de una drástica reducción de la cantidad de trabajadores extranjeros para que los salarios en el sector privado puedan aumentar a niveles comparables con los salarios mínimos sauditas. Frente a las menores rentas petroleras para repartir, el contrato social doméstico está bajo presión. Recortar el respaldo a los empresarios y a la población lo debilitará aún más.
Project Syndicate