Raices de la crisis sorpresa en Argentina

La crisis cambiaria que recién sufrió Argentina tomó a muchos por sorpresa. A partir de diciembre de 2015, el gobierno hizo una serie de apuestas arriesgadas que aumentaron la vulnerabilidad del país, pero no estaba claro cuándo llegaría el día de la prueba para la economía argentina. Cuando llegó, el país no superó el examen. A fines de 2015 al asumir el presidente Mauricio Macri el cargo, Argentina tenía una serie de desequilibrios macroeconómicos que resolver. Las primeras medidas incluyeron la eliminación de controles cambiarios y de capitales y la reducción de retenciones (impuestos) a las exportaciones de materias primas. Además, recuperó el acceso a los mercados financieros internacionales, tras alcanzar un acuerdo con los “fondos buitres” en relación con una disputa por deudas que duró más de una década. El gobierno adoptó una nueva estrategia macroeconómica basada en dos pilares: reducción gradual del déficit fiscal primario, y un ambicioso régimen de metas de inflación que presuntamente debía limitar el aumento de precios a una tasa de un solo dígito en solo tres años. Hubiera sido más prudente tratar de reducir la inflación y el déficit fiscal a velocidades similares. La crisis cambiaria reveló finalmente las vulnerabilidades de Argentina. A futuro, el país estará expuesto a diversas fuentes de riesgo. El stock remanente de Lebac (letras del banco central) sigue siendo grande, y cada vez que venza una fracción significativa de esa deuda, Argentina estará a merced del humor de los mercados financieros. Esto aumentará las expectativas de volatilidad cambiaria, y podría crear oportunidades para inversiones financieras especulativas, desalentando las inversiones en la economía real. El incremento del riesgo cambiario también pondrá en duda la sostenibilidad de la deuda pública. Macri anunció el inicio de negociaciones con el FMI para obtener un crédito “stand-by”. Pero si en los próximos años el sector público de Argentina enfrenta una crisis de deuda, el país tendría que someterse a la tutela del FMI y las condiciones que este suele imponer a cambio de financiación podrían provocar serios daños. Lo más preocupante es que se reafirmó la estrategia de metas de inflación. No sería raro que en 2019 comience un nuevo ciclo de apreciación del tipo de cambio real, lo cual sería buena noticia para Macri (el año entrante hay elección presidencial) pero traería malos presagios para el futuro de Argentina. Como hasta ahora la estrategia de Macri fracasó y aumentó la dependencia respecto de los acreedores internacionales hay un desafío: evitar una crisis de deuda. La reducción gradual del déficit fiscal primario debe mantenerse para proteger la actividad económica y rectificar las vulnerabilidades, pero se necesita un cambio de política monetaria para salvar a Argentina de un aumento de desequilibrios externos que afectan la sostenibilidad de la deuda externa pública. Seguir reduciendo las retenciones a las exportaciones de soja, como anunció el gobierno de Macri, sería un error, ya que aumentaría el déficit y beneficiaría a un sector que ya obtiene rentas. Un cambio de políticas macroeconómicas no es condición suficiente pero sí necesaria para que Argentina ingrese a un sendero de desarrollo económico inclusivo y sostenido.