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Nuestros puritanos
Se trata de una contradicción o de una paradoja humana. Es la de que los personajes que en la historia se destacaron por su ferocidad contra el prójimo, propiciando largas y terribles guerras, genocidios y holocaustos, hayan sido personajes a los que se puede considerar como “puritanos”. Es decir, de aquellos que rechazaban el vicio y el exceso en sus vidas personales, no probando bebidas alcohólicas (¡las drogas, ni pensarlo!) y siendo vegetarianos al 100 por ciento, no sabemos si por asco o compasión frente a esas criaturas zoológicas que son sacrificadas diariamente en los camales para alimentarnos con una dieta carnívora.
Adolfo Hitler, el austriaco antisemita que quiso dominar por mil años Alemania bajo el signo de la esvástica, era de esa clase de sujetos, enemigo del cigarrillo y del alcohol, y partidario de las ensaladas y los jugos vegetales para su alimentación cotidiana. Sin embargo, no tuvo empacho alguno en mandar a eliminar a millones de judíos en los tétricos campos de concentración o en las ciudades que los ejércitos nazis iban ocupando durante su avance conquistador por Europa en la Segunda Guerra Mundial. Este ejemplo, entre otros, debió haber obligado a mi católica abuela, con la excepción de San Vicente -de quien era fan o devota-, a no creer en santo alguno, por muchos milagros que prometa.
No acusamos a nadie de nazismo, fascismo o neoliberalismo mordaz, pero sí quedamos sorprendidos porque se impusiera nuevamente, después de muchos años, la “ley seca” en el territorio nacional para los días domingos, precisamente cuando los alegres celebrantes suelen quitarse el ‘chuchaqui’ del viernes de caballero o de sábado inglés con un ceviche que solo puede ser acompañado por un clásico vaso de cerveza, por lo menos. Como, al parecer, se necesita un mayor consumo de líquidos embriagantes para poder cobrar con más intensidad y efectividad los impuestos incluidos en el paquete tributario que castiga a los productos dulces y alcohólicos, esta prohibición, que se impuso con el mismo rigor que el veto a las corridas de toros, pues ha sido derogada con el beneplácito de la mayoría de ciudadanos. ¡Salud!
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