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Una propuesta de futuro
Recientemente, la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt) presentó en Guayaquil el denominado Plan de fortalecimiento y revalorización de la formación técnica y tecnológica.
Dicho plan, que tendrá una inversión de 262 millones de dólares, se orienta a satisfacer una demanda creciente: la de los bachilleres que cada año se suman a quienes lo intentaron en los años previos y desean acceder a la educación superior.
Se calcula que su número superará los cerca de 300.000 jóvenes de fines del 2017.
Pero el tema no es solamente un asunto cuantitativo. Como deja notar su nombre, también se intenta revalorizar la formación técnica y tecnológica, todavía sujeta a ciertas visiones que la conceptualizan como de menor valía frente a la educación superior en campos tradicionales del conocimiento.
Sin embargo, está claro que en los países de alto desarrollo tecnológico la participación de los estudiantes en los institutos técnicos y tecnológicos en la matrícula de educación superior es de 47 % en China, 50 % en Bélgica o 29 % en Nueva Zelandia.
Lo que al respecto ocurre en nuestra región es muy decidor, observando el indicador en determinados países: Chile supera el 45 %, Colombia el 37 %, Perú el 32 %, México el 23 %, el Ecuador está en el 9 %.
Sin duda, tal cual se destaca en el mencionado plan: “La formación técnica y tecnológica tiene cada vez mayor importancia porque responde a desafíos de equidad, productividad y sustentabilidad de los países y de democratización en el acceso a la educación superior”.
Siendo ello indiscutible, conviene saber que el plan contempla entre sus ejes de acción, la constitución de un subsistema de formación técnica y tecnológica, hecho inaplazable que le daría justamente a esa formación técnica y tecnológica la condición de tercer nivel, desde la cual se puede acceder a estudios de cuarto nivel, especializaciones y maestrías tecnológicas tanto de itinerario tecnológico, cuanto académico. Es decir, el subsistema se dotaría de mecanismos de alta permeabilidad.
Se propone también un modelo de gestión en red y desconcentrado, al tiempo que la reorganización de la actual oferta académica, vinculándola con las necesidades de los sectores sociales y productivos. Todo ello acompañado del fortalecimiento pedagógico.