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Diario Expreso Ecuador

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Un profesor a domicilio

En el régimen Costa, 6.500 niños aprenden en casa. Los beneficiados son menores de 3 a 4 años que no lograron acceder al sistema escolarizado.

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Son las 09:00. La maestra golpea la puerta del domicilio de la familia Cepeda Méndez, donde la dueña junto a su hija la reciben emocionadas. Ella trae consigo una pequeña caja de plástico donde guarda el material didáctico (lápices, crayones, legos, papelógrafos, tijeras, etc.) que le servirá para iniciar la clase que ha preparado.

La sala de ese hogar se transforma de inmediato en el aula donde Yadira Rivadeneira, educadora parvularia, con ochos años de experiencia, enseña a potenciar de manera lúdica y dinámica el desarrollo integral y las destrezas de July Cepeda, de 3 años, quien no pertenece al sistema de educación nacional, debido a que no alcanzó cupo en la educación inicial en una escuela cercana.

“Voy a las casas dos veces por semana para enseñarle a los niños las diferentes actividades que deben desarrollar junto a sus padres. Los viernes nos reunimos en una escuela cercana para continuar con trabajos grupales”, indicó la parvularia, quien tiene a su cargo 30 menores de igual número de familias que habitan en la zona centro-sur de la ciudad, desde la calle Colombia hasta Francisco Segura.

Esta modalidad de clases es parte del Servicio de Atención a las Familias para la Primera Infancia (Safpi), que desde abril pasado puso en marcha, por primera vez en el país, el Ministerio de Educación en el régimen Costa. De este programa se benefician más de 6.500 niños, de los cuales 3.500 pertenecen a la Zona 8 que abarca los cantones Guayaquil, Durán y Samborondón.

Rivadeneira es una de los 200 docentes formados técnicamente para dar acompañamiento a padres de familia y hacer seguimiento a las tareas planificadas semanalmente.

Alexandra Méndez (madre de July), también se sienta en la sala de su casa junto a su hija y a la maestra. Ella observa con satisfacción cómo la menor está aprendiendo a diferenciar los colores, las partes del cuerpo humano, los astros que giran alrededor de la Tierra.

“Pero también está aprendiendo valores como el respeto y la disciplina”, anota Méndez, quien asegura estar contenta con este programa, ya que no debe de madrugar para llevar a su hija a la escuela ni tampoco preocuparse de comprarle uniforme. “Todo lo tengo en casa”.

Para July, aprender es un juego. Ríe, canta y con suspicacia hasta interroga a la maestra cuando algo no le queda bien claro. “¿Cómo es la Luna?, ¿cómo es el Sol?, ¿qué es la familia?”, pregunta la niña. Y la maestra de inmediato responde todos esos cuestionamientos, para lo cual se vale de los elementos lúdicos que tiene en aquella caja de plástico.

“Este programa se ejecuta a través de una metodología juego-trabajo para que los infantes asimilen, de manera permanente, los conocimientos y desarrollen sus habilidades motrices de manera divertida con materiales y recursos que se encuentran en la misma casa”, explica la maestra.

La clase dura una hora: 70 minutos son dedicados al estudiante y el resto a enseñarle al padre las actividades que deberá realizar en los siguientes días para ayudar a desarrollar las destrezas de sus hijos.

El reloj marcan las 10:00 y es hora de que la maestra abandone ese domicilio. Pero en el transcurso del día la esperan otros donde deberá repetir la misma estrategia de enseñanza que se ciñe al currículo escolar de educación inicial.

En la Zona 8 hay 373 planteles fiscales de este nivel.

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