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Los pretorianos de Ecuador
En Ecuador Inmediato del 26 de abril del presente año, César Navas, ministro de Seguridad, explicó que “la seguridad del presidente de la República, así como también la de altos funcionarios ecuatorianos y extranjeros ya no dependerá, ni de las Fuerzas Armadas, ni de la Policía Nacional. Según detalló, un grupo especializado de civiles serán los encargados de velar por la protección de las autoridades...”.
Me pregunté, ¿quiénes y bajo qué circunstancias recurrieron a una guardia “pretoriana”? La respuesta es, en sociedades donde las malas políticas y el hambre las puso en efervescencia, polarizando a la población, agravándola por la radicalización del uso y ejercicio de la fuerza por parte de un gobierno totalitarista y abusivo. Ante la pregunta de ¿quiénes?, saltó a mi memoria el recuerdo de la convulsionada época de los gobiernos totalitarios de los setenta y de sus figuras “mesiánicas”, que bajo el rótulo de “socialismo a ultranza”, en algún momento de la historia degeneraron en liderar o “proteger” grupos armados al margen de la regularidad. Muamar Gadafi utilizó su “guardia pretoriana”, a más de para su protección, para blindarse ante la “eventualidad” de discordias con el ejército regular. Así lo manifestaba Amnistía Internacional en febrero del 2011.
Gadafi, bajo el rótulo de “socialismo islámico”, nacionalizó varios sectores económicos, dio poder a organizaciones populares y metió la mano en todas las instituciones del Estado. Tuvo grandes discrepancias con la ONU y convirtió a Libia en zona no declarada de entrenamiento y reposo de grupos terroristas.
La descripción anterior pareciera ser coincidente con algunos gobiernos y gobernantes del socialismo del siglo XXI, cuyos pueblos sufren hambre, miseria, abusos y por qué no, muchas veces, son objeto del terror de la delincuencia incontrolable y a veces incontrolada.
El final de tales gobiernos, por lo general, es dramático para la mayoría, como los casos de Gadafi, Huseín, etc.; muy pocos cuentan con el privilegio de vivir para contarlo, pese a su guardia pretoriana, pagada por el pueblo.