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Diario Expreso Ecuador

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Un presidente muy simpatico

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Tuve que ver la grabación para estar segura de lo que había escuchado. “¿Qué otro atractivo, además de turístico, le ofrece Ecuador al mundo?”, le preguntó Patricia Janiot de CNN en Español al jefe de Estado ecuatoriano, y él con una amplia sonrisa respondió “Bueno, un presidente muy simpático”. “¡Alábate pato!” habrían dicho nuestras abuelas, expertas en sentenciar con una sola frase. Solo que ser simpático dista mucho de lo que es hoy el presidente Correa, en mi opinión. No es amistoso ni gracioso lo que ha hecho con los periodistas ecuatorianos que investigaron los Papeles de Panamá. Identificarlos y colocar sus nombres y cuentas de Twitter, dizque exigiéndoles toda la verdad de los documentos que investigaron, no corresponde al accionar de un primer mandatario.

No es simpático desviar la atención a los mensajeros, sin empezar a tomarse en serio el mensaje: En los Papeles de Panamá hay nombres de funcionarios y exfuncionarios del gobierno con bienes y acciones que tuvieron la obligación de declarar.

No es simpático desconocer la Constitución, en cuyo artículo 20 el Estado garantiza la cláusula de conciencia a toda persona y el secreto profesional y la reserva de la fuente, para quienes se dedican a la tarea de informar y para quienes den sus opiniones a través de los medios de comunicación. Es inaudito lo que ha ocurrido aquí en Ecuador, como en ningún otro de los 78 países donde se investigaron los Papeles de Panamá (con excepción de Venezuela y Rusia).

Como era de esperarse, tras los mensajes del presidente Correa identificando a los seis periodistas ecuatorianos, llegó el ejército de trolls para atacarlos en las redes sociales, y como un resorte los pedidos desde el Poder Legislativo y desde el Poder de Control Ciudadano, para que los periodistas acudan a rendir declaraciones, como si tuviesen el derecho de hacerles tales solicitudes.

Hasta el momento de escribir estas líneas, el asambleísta que preside la Comisión de Justicia, Mauro Andino, insiste en la pretensión de que los periodistas acudan hasta la mesa de la comisión en el Congreso, al igual que los miembros de la Comisión de Participación Ciudadana.

Se ha creado así un clima de hostigamiento para estos comunicadores invitados un año atrás por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación. Se les pide explicaciones, se les hace exigencias, incluso se los empuja para ocupar roles que solo corresponden a jueces y fiscales. Talvez porque muchas de estas autoridades no actúan con independencia, sino bajo determinadas disposiciones.

Si me preguntan si estoy de acuerdo con la publicación de todos los nombres hallados en los 40 años de actividades de Mossack Fonseca, mi respuesta es no, porque puede afectarse a personas y empresas privadas que al tener sociedades offshore no han cometido delito alguno, al menos que hubiera presunción de delitos de lavado de dinero, evasión o elusión de impuestos. Nombres y figuras de gobierno es otra cosa. Al estar en la función pública, es su obligación transparentar sus bienes y finanzas.

Por ahora solo se han descubierto los métodos y asesorías de Mossack Fonseca y el listado de sus clientes, ¿pero cuántas otras firmas similares actúan en Panamá y paraísos fiscales, con cuántos más clientes ecuatorianos? Aquí y allá, muchos habrán respirado aliviados por el mero hecho de no haber sido clientes de la firma en cuestión.

Que ninguno se sienta seguro. Después del escándalo de WikiLeaks en 2010, las revelaciones mundiales se multiplicaron. Apareció el listado de 130.000 supuestos evasores de impuestos, clientes del banco suizo HSBC; vinieron los VaticanLeaks en el 2012 y su nueva saga en el 2015; también el caso Snowden y ahora los Papeles de Panamá. Es evidente que los secretos ya no tienen garantías. Los dueños de fortunas temen; los reyes y príncipes desconfían; los presidentes saben que no hay candado para la llave de la verdad cuando llega su hora. Y no importa si eres simpático o antipático. En el momento perfecto esas consideraciones están de más.

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