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La prepotencia
Apenas transcurridos los tres primeros meses de su administración, la mayor parte de los estadounidenses, por simple sentido común, debe haberse dado cuenta del grave error en que incurrió al elegir presidente a Donald Trump, un fascista de tomo y lomo que entre sus primeros decretos ordenó los estudios para la implementación, diseño y construcción de un muro colosal a lo largo de la frontera con México -que fue una de sus promesas de campaña-, así como el incremento sustancial del número de agentes de inmigración, a quienes se les ha ordenado detener incluso a los inmigrantes irregulares que llevan décadas en el país, y en lugares que solían ser seguros, como alcaldías y ciudades santuario. “A quienes sigan buscando una entrada inadecuada e ilegal a este país, les advertimos: esta es una nueva era. Es la era Trump”, habría dicho el fiscal general Jeff Sessions, a las patrullas fronterizas.
Pero su radicalismo se torna realmente peligroso y amenazante cuando sorpresivamente lanza un ataque de 59 misiles de crucero Tomahawk contra la base aérea siria Al Shayrat, en Homs, la noche del 6 de abril, en respuesta al supuesto uso de gas sarín que el régimen del presidente Bashar al Asad habría empleado contra civiles en Idlib, involucrándose bélicamente en un conflicto interno, cuando hasta la fecha y desde hace más de cinco años el gobierno norteamericano se había limitado a apoyar logísticamente a las milicias rebeldes que buscan derrocar el régimen de Al Asad. Más grave aún, cuando Trump y Putin habrían convenido en no tomar acciones unilaterales en Siria, sin previamente dar aviso al otro, en resguardo de sus efectivos y naves. Y por otra parte, la advertencia que Trump, a través del vicepresidente Mike Pence, habría hecho en Seúl al régimen de Piongyang, en relación con las pruebas de misiles y armas nucleares que estaba realizando el dirigente norcoreano Kim Jong-un, provocando a agresiva respuesta del embajador de Corea del Norte ante la ONU. Ya es hora de que los programas armamentistas de cualquier país, en razón de su propia defensa, dejen de ser vistos como una amenaza a la seguridad de la más poderosa potencia militar del planeta y mucho menos para justificar cualquier acción militar bajo ese pretexto.