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Diario Expreso Ecuador

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Oposicion, honestidad y pragmatismo

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Provoca cierto estupor la paradójica situación en que se desenvuelve el quehacer del presidente Moreno. Por un lado, la izquierda resentida lo acusa de haberse entregado a la derecha de las viejas componendas, traicionando a la revolución iniciada por Correa. Por otro, la derecha desconfía de sus ofertas de luchar contra la descomunal corrupción y promover nuestra recuperación, al ver que algunos de los gestores de esa farsante revolución siguen integrando en este gobierno los cuadros burocráticos que llevaron al país a la penosa situación fiscal de hoy. Las razones argüidas por ambos bandos las creen suficientes para justificar su oposición al régimen, aunque sustancialmente no tienen validez histórica. La honestidad verbal es parte sustancial de la conducta de un político y el “doublethink” de Orwell, el doble discurso tan característico de las izquierdas y de demagogos populistas, debe desterrarse de una vez por todas tras diez años de imperar descaradamente.

Las protestas de recuperar una revolución supuestamente traicionada por Moreno y el escepticismo exhibido por algunos personajes de derecha, podrían terminar desconcertando a un presidente que todavía crea necesario definirse y actuar con sujeción a una ideología. Pero no es así. Las ideologías sobran. Los excesos estatistas de la izquierda y la libertad irrestricta preconizada por la derecha, están de más. Moreno debe comprender que el hombre resulta ser a la postre solo su propia conducta y que el momento actual de nuestro país solo exige una conducta personal que refleje honestidad y pragmatismo y una férrea voluntad de actuar por encima y más allá de sus propias dimensiones. No se puede renegociar una deuda pública con argumentos ideológicos sino con criterio pragmático y con argumentos que demuestren la integridad moral del negociador. No se puede solucionar el gravísimo problema del desempleo arremetiendo dogmáticamente contra el empleador, como lo haría Correa, sino con medidas justicieras y equilibradas que incentiven y encaucen la inversión privada, guardando la necesaria equidad para las partes y para el Estado regulador. Las intransigencias, apariencias y simulaciones de los opositores están de más y solo esconden afanes de reubicar a Correa en el escenario electoral que pudiera conducirle nuevamente a la presidencia y asegurar la impunidad de una insultante corrupción que por lo pronto - sí, por lo pronto- ha puesto en evidencia a un vicepresidente sancionado ya por la opinión pública.

Para justificar su oposición, hoy hablan de la traición de Moreno a la revolución, mientras la ciudadanía se enardece con los descubrimientos de actos delictivos que rebosaron la cloaca revolucionaria y corroboran el desatino que entraña gobernar bajo patrones y esquemas ideológicos. La historia da cuenta de que los yerros e inescrupulosidades de quienes así gobiernan se escudan tras los dogmas que sirvieron para asumir el poder. Izquierda y derecha sin trabas ni regulaciones y sin las imprescindibles dosis de honestidad y pragmatismo, llevaron al desastre a los países sometidos a gobiernos ideologizados y a la insensatez de aplicar a rajatabla sus principios y enunciados teóricos.

Tal es el reto de Moreno, acosado por ambos flancos. Quizás ha demostrado una habilidad singular y aún sin desentrañar en su contienda con Correa, de cuya toxicidad parecería que nos libraremos; pero carece de definiciones precisas que generen confianza en el área social y financiera, donde los lastres izquierdosos asoman sus bocazas. Que la suerte nos acompañe.

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