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Oportunismo y oportunidad
La conversación grabada entre un asambleísta, hoy independiente, y un aspirante a ministro de Agricultura, en la que este último manifestaba que para obtener el nombramiento era necesario “dar un aporte” de millón y medio de dólares, se constituye en otro caso más de corrupción.
Pese a que la compraventa de los cargos públicos resulta ser reprochable e ilegal, para los oportunistas, el servicio público vía compra del cargo equivale a comprar el “guachito ganador”, el que le da la “oportunidad” de pasar de la noche a la mañana, de “chiro” a millonario. Dadas así las cosas, es conveniente dejar en claro la diferencia entre oportunidad y oportunismo.
El oportunista es el que aprovecha al máximo las circunstancias para obtener el mayor beneficio posible, sin tener en cuenta principios ni convicciones; “todo vale, nada importa”, “el fin justifica los medios”.
La oportunidad por su parte, corresponde a los instantes o plazos que resultan convenientes para la realización de una acción apropiada, correcta, teniendo siempre presentes los “límites” que imponen los principios y las convicciones.
Es cierto que la política cuenta con una mayoría de oportunistas, pero también los hay en los negocios, en la vida cotidiana e incluso dentro de las familias, en las que nunca falta el “zángano vividor”, que casado y con hijos, sigue viviendo, comiendo, viajando y farreando a costilla del padre, la madre, el padrastro, el suegro, la suegra, la madrastra, o de los millones de la esposa. Igual ocurre con el comerciante que vende falsificaciones como originales, el constructor que utiliza materiales de inferior calidad, el político que califica como comisión a la coima; son oportunistas que a su falta de escrúpulos la llaman “oportunidad”.
Odebrecht, El Aromo, Coca Codo Sinclair, los sobreprecios, la compra de cargos, etc., son ejemplos de oportunismo.
La corrupción y el descaro seguirán campeando mientras sigamos eligiendo, escogiendo, tolerando, solapando, aplaudiendo y justificando la falta de moral y de ética, y la carencia de principios y escrúpulos, al llamar oportunidad, al oportunismo.