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Los nuevos ricos
Dicen que hay dos cosas que no se pueden ocultar: la tos y el dinero. Y reza el refrán popular: “Quien nunca tuvo y llega a tener, loco se quiere volver”. ¡Y es que se les nota! Cambian su modesto modo de vida por otro lleno de excesos, se mudan a lugares vetados para los socialistas, como “Peloculandia” -sea serrana o costeña-; cambian su carro pequeño y austero por uno de lujo, de última gama y deportivo; reemplazan la ropa nacional por la extranjera, compran lujosos veleros y abundan los viajes vacacionales que por lo general son a París, islas Griegas o Alpes Suizos. Todo bien publicitado y comentado en las redes sociales, llenas de “selfies” que cuelgan para envidia de algunos.
Ser rico no siempre es un pecado. Los hay de varios tipos: los que a lo largo de algunas generaciones han hecho riqueza a través del trabajo duro, honesto e incesante; también están el emprendedor, el profesional, el visionario, quienes con esfuerzo, conocimiento técnico o mediante un golpe de oportunidad logran generar fortuna. Otro tipo es el de aquel que por el azar gana la lotería y pasa a enfilar el grupo de los acaudalados; y por último, están los llamados nuevos ricos: aquellos que en poco tiempo, sin esfuerzo y en circunstancias poco claras, amasan considerables fortunas que les permiten adquirir en poquísimo tiempo nuevos lujos, que antes simplemente les resultaban imposibles.
En Ecuador la expresión “nuevos ricos” parece estar de moda. Incluso altos funcionarios del Gobierno han denunciado a la Fiscalía que el enriquecimiento de “algunitos” se debe al “tráfico de influencias”, delito tipificado en el Código Integral Penal con prisión de hasta 5 años.
Ser rico no es malo y mucho menos cuando esos ricos dan trabajo, producen y generan riqueza, la que trae como consecuencia el crecimiento de nuestro país.
Como dice uno de mis escritores favoritos, el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa: “Me indigna el doble discurso de obligar a los demás a vivir en las penurias socialistas, mientras ellos saborean las mieles del capitalismo”.
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