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La noche de la ratificacion
Noche de consolidación. Los principales encuestadores del país coinciden, en entrevistas con EXPRESO, en una misma lectura: los debates no ganan elecciones, pero reafirman las intenciones de voto y su imagen.De la imagen, como de las intenciones

Noche de consolidación. Los principales encuestadores del país coinciden, en entrevistas con EXPRESO, en una misma lectura: los debates no ganan elecciones, pero reafirman las intenciones de voto y su imagen.
De la imagen, como de las intenciones de voto, los encuestadores difieren.
Paulina Recalde, de Perfiles de Opinión, considera evidente que ante la ausencia del oficialista Lenín Moreno, “cuya presencia hubiera concentrado en él los comentarios críticos”, los siete presidenciables presentes se adaptaron a la ausencia de un debate de modelos para aferrarse a un encuentro de matices: “No hubo oposición contra correísmo”, resume Recalde. A su juicio, en este escenario improvisado, Guillermo Lasso (CREO) fue beneficiado. “Quedó en evidencia como el actor más visible. De hecho se refirió a sí como el líder de la oposición, no como el futuro presidente, sino como el líder de la oposición”. El comentario de la cara visible de Perfiles de Opinión, la encuestadora que más intención de voto atribuye a Moreno, apunta a la cifra más destacada de la noche: Lasso recibió siete ataques directos. Fue el único.
No significa que el candidato de CREO haya ganado el primer round, antes del debate en el que sí participará Moreno, en Quito, el próximo 5 de febrero.
De hecho, en una medición relámpago a cargo de Market, la casa encuestadora en donde Cynthia Viteri (PSC) figura en segundo lugar, la socialcristiana llevó el aval popular de ‘ganadora’, respaldada sobre todo por Guayas.
Su ataque directo a Lasso, que fue reafirmado ayer durante una rueda de prensa donde la candidata insistió en la “incoherencia” de prometer un millón de empleos en la presidencia mientras hubo recortes en el banco que manejaba hace cinco años el exbanquero (una acusación que él ha preferido ignorar), se presenta como nueva muletilla en la recta final de la campaña.
Blasco Peñaherrera, director de Market, lo acredita a la capacidad de Viteri, a quien el 42 % favoreció, “de conectar con las bases” de la misma forma en la que Guillermo Lasso, elogiado por el 34 %, “llegó a la clase media y alta”. Peñaherrera también destaca, en atribución a las cifras que recogió durante la mañana de ayer, que Paco Moncayo (15 %) tuvo, a criterio de los encuestados, mayor valoración por su participación ecuánime en el debate que su propia intención de voto, a la que superó en tres puntos porcentuales.
La información de Market fija el impacto de la noche del miércoles en 3 de cada 10 ecuatorianos que vio o escuchó la emisión en vivo del encuentro. Cedatos calcula un impacto aún menor: 2 de cada 10.
La encuestadora de Polibio Córdoba, la que mejores cifras concede a Lasso, levantó ayer un estudio en profundidad para conocer las percepciones de los televidentes.
La “opinión mayoritaria”, dice Córdoba, se inclinó por la forma de presentación de propuestas de Guillermo Lasso, quien además de recibir ataques, recibió más tiempo adicional para exponer sus planes.
El estudio de Cedatos resalta un interés creciente por la frescura discursiva de los dos candidatos más jóvenes del escenario: Dalo Bucaram (FE) e Iván Espinel (FCS) quienes, en su orden, presentaron una nueva faceta política con doble cara: la conciliadora de Bucaram y la confrontadora de Espinel.
Moncayo y Viteri, en este estudio, se ubican a la cola.
Al día siguiente, con resaca de debate, el bajo impacto en los hogares comunes, según las cifras, deja también una petición recurrente, recogida por Cedatos: “Estos eventos de alto interés nacional deberían ser presentados en cadena televisada”.
Coincidencias y discrepancias
Ley de comunicación: Todos abogaron por una prensa libre. De cara a las cámaras, los siete presidenciables valoraron el periodismo de investigación como una “herramienta fundamental en la lucha contra la corrupción”. La declaración de intenciones para recuperar una de las libertades siempre al filo de la navaja durante la última década alineó a los candidatos en la promesa de derogar o “reformar íntegramente” la Ley de Comunicación. Aun quienes antes habían puesto peros a una reforma radical, como Dalo Bucaram, admitieron ayer la necesidad de “eliminar la Supercom” y acabar con “la persecución” contra los medios de comunicación independientes. Así como anular el criticado concurso de frecuencias de radio que se lleva a cabo.
Consultas por doquier: Todos los candidatos prometieron, desde el escenario, convocar al pueblo ecuatoriano a las urnas para tomar decisiones importantes.
Lasso, Viteri y Moncayo armonizaron sus disonantes discursos para coincidir en la necesidad de llamar a consulta popular antes de echar abajo, por ejemplo, el Consejo de Participación Ciudadana u otras aristas de la reforma constitucional.
Zuquilanda, Pesántez y Bucaram, alineados también a la medida, amplían la consulta a otros temas: el matrimonio homosexual, la reforma de la Justicia o una nueva Constitución.
Espinel, por su parte, incluye bajo este epígrafe su célebre propuesta de implementar la pena de muerte en Ecuador.
Impuestos, fuera abajo: Unos quieren boicotear 23 reformas tributarias, otros 14 impuestos, otros 11. Pero lo cierto es que todos los candidatos, en consecuente ausencia con el oficialista, coincidieron en la necesidad de aligerar la carga fiscal del Ecuador.
Lasso y Viteri, quienes ha convertido esta promesa en uno de los ejes fundamentales de sus programas económicos, fueron los más detallados en la marcha atrás de materia fiscal.
Los demás candidatos, a su modo y visión, se adscribieron, como era lógico ante un auditorio de empresarios, a una de las principales preocupaciones de los industriales y comerciantes del país.
Drogas: un prisma abierto: Acuerdo en el combate. Pero no en el cómo.
Viteri optó por diferenciarse en este tema como madre: “Soy la única mujer” y reforzó la eliminación de la tabla de consumo. Lasso se atrevió, por primera vez, a separar la legalización de la marihuana de las drogas duras y reafirmó campañas preventivas con el presupuesto propagandístico del correísmo. Además apuntó a una alianza internacional contra el narcotráfico. Moncayo optó por tratar al tema como materia de salud pública. Espinel se inclinó por sanciones más drásticas contra los traficantes. Mientras que Zuquilanda atribuyó el repunte a la entrada de extranjeros sin visa ni pasado judicial.
Combate a la corrupción: Todos reconocen una corrupción con características épicas, pero encuentran distintas vías de solución.
Lasso apuesta por el control: cambiar la designación de las autoridades y devolver los exámenes de Contraloría y Procuraduría previo a la contratación; Moncayo se reafirma en la necesidad de involucrar a la sociedad en comisiones cívicas; Zuquilanda aboga por la transparencia, ordenando volver públicos todos los actos y resoluciones de Gobierno; Viteri se inclina por mayor presión desde las autoridades de control; mientras que Bucaram y Espinel consideran adecuado incrementar las penas contra los corruptos. En el caso de Espinel “cortarles las manos”.
Gobernabilidad poscorreísta: Dilema para todos. Conducir un gobierno después del aparataje montado será prioridad uno. Sobre el tema, Paco Moncayo ha prometido reducir el número de ministerios y secretarías a la mitad. Cynthia Viteri aumenta a esa oferta la eliminación de dependencias gubernamentales, Guillermo Lasso considera clave echar abajo el Consejo de Participación Ciudadana con capacidad para designar autoridades, Dalo Bucaram resaltó su preparación para volver más eficiente al Estado, Washington Pesántez puso el énfasis en “una nueva Constitución” y Zuquilanda, con un giro distinto, abogó por un pacto entre todos los partidos.