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La mesa de difuntos, tradicion en los pueblos costenos
Los pobladores del recinto Caimito, a 10 minutos de Progreso, conservan la tradición ancestral para la celebración del Día de Difuntos, tanto en el pueblo como en las ciudades a las que migraron hace cientos de años.

Los pobladores del recinto Caimito, a 10 minutos de Progreso, conservan la tradición ancestral para la celebración del Día de Difuntos, tanto en el pueblo como en las ciudades a las que migraron hace cientos de años.
En Guayaquil, los migrantes peninsulares descendientes de punáes formaron las cooperativas Santa María de las Lomas, San Pedro y Sol Naciente; mayoritariamente son originarios de sectores como Posorja, Colonche y Progreso. Todos los años reviven su tradicional forma de festejo por los difuntos.
Según María Orrala, de 62 años, nacida en Guayaquil pero descendiente de nativos del recinto Caimito, solo celebra el día 1 de noviembre. Considera que ese día se debe dedicar a los niños fallecidos. Para la fecha, ella alista su mesa con variedad de alimentos, se levanta a las tres de la mañana para preparar coladas, arroz con leche, chocolates, tortillas de maíz, frutas... en fin, lo que más les gustaba a ‘quienes partieron’.
El 2 de noviembre lo dedican a los adultos.
Para separarles espacio a los difuntos, Orrala rodea la mesa con sábanas blancas. Así, a cualquier hora del día se podrán acercar las ánimas.
Según sus creencias, si no se realiza este ritual de homenaje a los muertos, ellos andarán deambulando y con hambre. Comenta que los niños hasta pueden ver las sombras acercándose a la mesa.
Sonia Suárez, residente de San Vicente, un poblado cercano a Santa Elena, dice que al ser un pueblo de panaderos, no faltan las figuras de pan (tipo guaguas de la Sierra). Son una familia de cinco hermanos que todos los años para estas fechas reúnen alrededor de 300 a 400 dólares para preparar los alimentos.
Ficción o realidad, esta costumbre se encuentra plasmada en la mentalidad de quienes migran de esos sectores rurales a la ciudad. Son tradiciones de las que tienen profunda convicción.
Entre lágrimas, varias señoras mayores residentes en la cooperativa San Pedro explican que por falta de recursos económicos este año no pudieron celebrar como se debe y aseguran que sus familiares van a andar divagando. (F)