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Diario Expreso Ecuador

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Medio siglo cuidando el mar ecuatoriano

130 aviadores navales se han formado, en los veinte cursos que se han dictado en la Escuela de Aviación Naval. La Fuerza Naval ha atendido un total de 1.000 emergencias de búsqueda y salvamento de personas en el mar, desde 1985. En total, 4.000 horas d

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Cincuenta años han pasado desde que dos intrépidos oficiales aviadores, Germánico Olmedo y Jaime Puente, preparados en el Aeroclub de Guayaquil, impulsaron la creación de la aviación naval y con ello el cuidado de las 200 millas de mar territorial, cinco veces más grande que el área terrestre.

La llegada de una avioneta cessna, el 18 de junio de 1967 marcó el punto de partida de una institución subordinada al comando operacional de la Armada, cuyos caballeros del aire han escrito páginas de gloria en la defensa del mar y sus riquezas.

El almirante Fernando Donoso y el contralmirante Darwin Jarrín, el primero en servicio pasivo y el segundo en estado activo, son dos de los referentes de las decenas de aviadores navales que han cumplido la noble misión de vigilar y cuidar el millón de kilómetros cuadrados, en el que cada vez más se cometen actividades ilícitas.

De una incipiente aviación que vivieron Olmedo, Puente y Donoso en los años 70, con avionetas con poca capacidad de combustible a la que tuvieron que adaptarles almacenamiento para poder llegar a Galápagos se pasó a los helicópteros Bell 206 y 230 y los aviones Casa que pilotea Jarrín. También a las aeronaves no tripuladas, con modernos sistemas de comunicación y rastreo, que permiten un mayor control del espacio marítimo desde el aire.

Donoso recuerda la hazaña de traer una avioneta Cessna T41D desde Wichita (Kansas, Estados Unidos) hasta Guayaquil en 1974, en una ruta de múltiples escalas por diversos aeropuertos, porque la autonomía de vuelo no era mayor a cuatro horas con 15 minutos.

A Jarrín le tocó traer una aeronave más moderna, una Casa, desde Francia, al otro lado del Atlántico, dotada de una mayor autonomía y mejores instrumentos de navegación que hoy permiten a la Armada hacer patrullajes océanicos.

De una aviación que nació sin instalaciones - tenía que operar en el Servicio Aéreo del Ejército- se pasó en el 2000 a la creación de escuadrones aeronavales que han permitido redoblar la vigilancia marítima y la asistencia a la comunidad.

Las aeronaves de la Aviación Naval fueron vitales para la vigilancia de la costa sur en las guerras de Paquisha de 1981 y del Cenepa en 1995, en la búsqueda y rescate de personas desaparecidas en el mar, en el control del narcotráfico y la pesca ilegal. y en las evacuaciones aeromédicas.

Pero fue el terremoto del 16 de abril del 2016, que devastó mayormente a Manabí y Esmeraldas, en donde la aviación naval puso toda su fuerza operativa en la evacuación de heridos, damnificados y la distribución de víveres y vituallas en sitios a los que llegaba por vía aérea.

Los aviones no tripulados, llegados en el 2009, ayudaron a identificar y reconocer las zonas más afectadas y sin vías de comunicación terrestre como Cabuyal, Jama, Matal, San Isido, para el traslado de las ayudas a través de helicópteros hoy piloteados por un mujer.

Es que la aviación naval dejó de ser un mundo solo de hombres para dar paso, en el 2010, al sexo femenino. Rosy Granja se convirtió no solo en la primera aviadora naval sino en la primera mujer en lograr ese sitial en las Fuerzas Armadas.

Así, hombres y mujeres, empujan la senda del progreso en una aviación naval, que tiene en sus filas a pilotos disciplinados, con actitudes mentales capaces de soportar las mayores presiones y mantener la serenidad en los momentos más difíciles.

Desde su creación en 1967, la aviación naval ha tenido 20 directores que han dejado su huella e impuesto su estilo. El actual, el capitán de fragata Patricio Rivas, de la joven generación de aviadores navales, asumió el cargo en enero pasado y quien en esta semana estará al frente de eventos por los 50 años de vida institucional.

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