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Diario Expreso Ecuador

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Si me muero en Madrid

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La situación económica es compleja: crecemos por debajo del 1 % anual, la generación de empleo es baja, seguimos requiriendo deuda para tapar huecos fiscales, la banca hace esfuerzos para cuidar la calidad de la cartera y el sector productivo lucha para vencer adversidades y no aguanta más impuestos. A lo anterior hay que añadir que el Gobierno lucha para reducir el gasto público, en un país que se acostumbró a tener al Estado como motor del crecimiento a costa de la deuda. Ante ello el Gobierno decidió llevar adelante un acuerdo con las entidades multilaterales, sabiendo que esos acuerdos se dan cuando no hay otras alternativas viables y se está al borde del precipicio, y además que la implementación de las políticas públicas que acompañan a la recepción de recursos vienen acompañadas de agitación social, lo cual es aprovechado por la oposición política para saldar cuentas.

En el país quien representa la cara visible de los acuerdos con las multilaterales y de la conducción económica es el ministro Richard Martínez, por tanto cualquier posibilidad que se tenga para lograr su cabeza la quieren aprovechar. Ese es el caso del juicio político que le han planteado, cuyo argumento es el no pago de las jubilaciones a los docentes y por otra parte el atraso en ciertas transferencias a los GAD amazónicos, tal como fue presentado en la Asamblea.

Lo curioso es que quienes firman la solicitud provienen en su mayoría del grupo que originó la debacle fiscal en la que estamos. Sin el menor sentido de país para buscar una solución que permita resolver los problemas que existen; sin observar que se hacen esfuerzos en todos los frentes, incluso con los maestros para cancelarles sus haberes; sin ver que absolutamente todos los receptores de fondos públicos tienen dificultades y que el Estado no puede resolver todo a la vez, pitan y no se bajan a empujar.

Esto me recuerda al español ese que decía que si se muere en Madrid lo entierren en Barcelona, y si se moría en Barcelona que lo enterraran en Madrid. Y cuando alguien le preguntó por qué, con una sonrisita contestó: ¡por joder!

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