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La ‘H’ se traslada por las calles sin dificultad

A 17 meses de la puesta en marcha de la ordenanza municipal que prohíbe el consumo de alcohol y drogas en calles, parques, aceras y otros lugares de masiva concurrencia, la máxima autoridad de la ciudad observa que el problema aumentó.

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Sobreviven día a día, con la esperanza descosida. Hace tiempo, el reloj se detuvo para Chiquitín, Alfonso, Eduar y Kevin, cuatro jóvenes de entre 15 y 19 años de edad, cuya agrietada existencia se la deben a la ‘H’.

Sus vidas se arrastran literalmente por la avenida Nicolás Lapentti, la arteria principal del cantón Durán, movida por el ir y venir de transeúntes y vehículos. Una vía que, en apariencia, se muestra segura; pero que a lo largo de ella la droga camina sin dificultad.

La alcaldesa Alexandra Arce lo reconoce. Durante una reunión con Lizette del Canto, delegada de la Embajada de los Estados Unidos, resaltó que en los espacios públicos aún se observan jóvenes y niños que se pierden en el mundo de los estupefacientes.

A 17 meses de la puesta en marcha de la ordenanza municipal que prohíbe el consumo de alcohol y drogas en calles, parques, aceras y otros lugares de masiva concurrencia, la máxima autoridad de la ciudad observa que el problema aumentó.

“Se nos ha acrecentado, porque sacamos a los chicos de los espacios públicos, obviamente en un estado ya deplorable del consumo de ‘H’, pero no podemos ponerles una multa del 35 % de salario básico (porque no trabajan) o incitarlo a que hagan una capacitación de trabajo comunitario (...)”, dice.

Según Arce, en los espacios públicos que recorrieron, especialmente en la avenida Nicolás Lapentti, ubicaron a “más de 50 chicos que se están perdiendo en el mundo de las drogas”.

En una de las tantas veredas de la vía, donde los semáforos ponen el pare a los vehículos, EXPRESO lo constató con Chiquitín, Alfonso, Eduar y Kevin. Comparten historias distintas, pero tienen algo en común: la ‘H’, una droga que se volvió habitual en los jóvenes por su bajo costo (entre 1 y 2 dólares) y por la ‘tripeada’ que les produce para salir de su triste realidad.

A sus 18 años, Eduar escogió el sitio para lavar parabrisas. No le había ido mal. No pasaban las 12:00 de un jueves y ya se había hecho diez dólares. En la tarde se haría otros diez. En días buenos llega hasta los $ 30, comenta.

Hace dos años decidió dejar su casa, en El Recreo. Se dio cuenta que su progenitora lloraba mucho al ver cómo él se perdía en ese mundo del que asegura nunca podrá escapar. A eso se sumó la ausencia de su padre fallecido. Aún lo extraña.

A pocos pasos, Chiquitín se lamentaba por su mal día. No le fue bien en la lavada. Antes de contar por qué dejó el hogar hace tres años, cuando apenas tenía 12, corre por una tarrina de comida que a esa hora le suelen regalar.

Alfonso lo observa con sus ojos adormecidos. A sus 18 años sabe cómo vivir en las calles. Reconoce que es bastante difícil. “Ya estoy cansado de la droga y de la calle”, lamenta.

En la misma esquina, Kevin, de 19 años, recordaba que abandonó la casa por los tantos problemas que veía en su familia. Según él, jamás asaltan a alguien por el vicio. Con uno de sus dedos apuntaba a un lejano lugar mientras mencionaba que “los delincuentes son otros”.

Ellos habían decidido ‘trabajar’ en las calles para comer y comprar ‘H’. Se la llevan a ‘domicilio’. Muestra la bolsita de polvo blanco que le cuesta 5 dólares, y la “rodaja” de 10. “Si no vienen, hay que ir a comprar al cerro”.

Xavier Vayas tiene un local afuera del centro comercial de Durán. En ocasiones le ha tocado darle de comer a niños que llegan hasta su negocio en un estado deplorable por el consumo de la ‘H’.

Cuando recorre las calles con sus jugos y granizados, don Francisco se da cuenta del gran problema de adicción que hay en el cantón. Una situación que la vive de cerca con un sobrino de 18 años, a quien no sabe cómo ayudarlo para que deje el vicio.

Los moradores señalan al cerro Las Cabras o El Arbolito como las zonas calientes donde se agrupan muchos “hacheros”, y donde continúa la venta de la ‘H’.

Pero es en Las Cabras donde, según los consumidores, los microtraficantes compiten entre sí para vender más que el otro. Lo que aviva la pelea por territorio.

En un encuentro denominado “Comunidades organizadas en la prevención de drogas”, desarrollado el pasado 23 de octubre, Lizette del Canto compartió con las autoridades duraneñas estrategias para prevenir el consumo de estupefacientes en espacios comunitarios. Tácticas que, según resaltó, han dado buenos resultados en Estados Unidos y Puerto Rico.

“Vamos a nutrirnos de todas esas experiencias para poner en práctica aquello aquí en el cantón”, dice la alcaldesa. Pero su preocupación se asienta también en las reformas que se busca hacer al Código Integral Penal (COIP), que pretende que las personas que consumen drogas en los espacios públicos tengan una pena privativa de libertad. Lo que está en discusión.

En su opinión, es preferible la casa por cárcel, “el adicto regresa a la familia, la principal culpable de su adicción”.

Algo que se les hace difícil a los consumidores. Un policía que ronda por la Nicolás Lapentti no puede ocultar su malestar al ver a Chiquitín y su grupo. Tras requisarlos les ordena que se retiren.

Hace tiempo le tocó aislar (detener) al más pequeño por un robo. Después que salió de la correccional y, al ver que aún era un niño, lo llevó a su casa. Lo bañó, le dio ropa y lo alimentó antes de regresarlo a su familia. Se emocionó cuando lo vio volver a la escuela. Al poco tiempo lo volvió a ver en la calle, consumiendo drogas. Ahora, el uniformado solo se limita a su trabajo y a ver cómo Chiquitín y sus amigos se marchan por la ancha avenida, que guarda muchas historias con ‘H’.

Talleres para prevenir el consumo

La lucha contra las drogas es un trabajo de todos. La Secretaría Técnica de Drogas, el Ministerio de Salud Pública y el Ministerio del Interior trabajan en conjunto para la prevención del consumo.

La mañana del pasado martes, en el auditorio de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil, se realizó un taller para las autoridades educativas sobre prevención.

Representantes de cada una de las instituciones del Estado explicaron el trabajo que vienen realizando para el bienestar de la comunidad universitaria y el resto de la ciudadanía.

El cabo Ricardo López, de la Unidad de Antinarcóticos, en representación del Ministerio del Interior, manifestó que el objetivo es hacer conciencia en la ciudadanía del uso y abuso de las drogas.

Asegura que están constantemente brindando capacitaciones y talleres en los diferentes lugares y comunidades de Guayaquil, poniendo énfasis en ciertos sectores sensibles como Pascuales, Nueva Prosperina, Durán, entre otros.

Gerardo Peña, de la Secretaría de Drogas, en su intervención habló de la tabla de consumo.

Según él, la herramienta fue un logro jurídico, ya que surgió para diferenciar a los consumidores de los expendedores.

Omar Garay, delegado del Ministerio de Salud, precisó que esa cartera de Estado brinda la atención médica en cuanto a la prevención del consumo y la atención a personas con consumo problemático. Detalló que hay tres niveles de atención, que se clasifican de acuerdo al grado de adicción del consumidor.

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