Liderar Europa, no abandonarla

¿Puede el Reino Unido reconciliarse con ser parte de Europa? Por los recientes titulares de los periódicos británicos relacionados con el referendo del 23 de junio para mantener o no la membresía en la Unión Europea, la respuesta parece ser un rotundo «no». Quienes están a favor de abandonarla se basan en el miedo a la inmigración fuera de control y a un torrente de supuestos peligros para la forma de vida británica. Los que desean que continúe siendo parte de Europa destacan otro temor: la pérdida de empleos que dependen del comercio europeo. Debemos comenzar por reconocer que en un mundo cada vez más integrado e interdependiente, cada país debe encontrar el equilibrio adecuado entre la autonomía nacional que desea y la cooperación internacional que necesita. El RU no debiera tener que elegir entre dos absolutos: la autonomía total, que subestimaría la necesidad de cooperar con nuestros vecinos más cercanos, y la integración completa en un superestado europeo, que no tendría en cuenta la sostenida importancia de las identidades nacionales y la toma de decisiones a ese nivel.

Existe una manera de avanzar que hará que tanto el RU como Europa sean más competitivos, democráticos y responsables. Si podemos mostrar que es posible mejorar las oportunidades, la imparcialidad, la seguridad y la prevención en Europa -y que podemos estar orgullosos de ser líderes en la agenda de reformas de la UE- es posible que comience a surgir un consenso británico. Consideremos la economía. Si equilibra la autonomía y la cooperación, el RU podría crear 500.000 puestos de trabajo adicionales durante la próxima década. Debido a que no ha adoptado el euro, mantuvo su autonomía para fijar las tasas de interés; pero la integración con el Mercado Común europeo ha generado claras ganancias en términos de crecimiento y empleo. De manera similar, si el RU fuera a liderar los esfuerzos para establecer un entorno de competencia equitativo para los sectores digital, energético y de servicios -especialmente los servicios financieros- podría garantizar una mayor competitividad para Europa en su conjunto. Las reformas económicas son solo el principio, y puede y debe promover una agenda que aborde las cuestiones de la eficiencia energética (a través de una unión energética y ambiental), la fiscalidad equitativa (mediante un plan que se ocupe de los paraísos fiscales) y la seguridad (con la obtención de más información de inteligencia transfronteriza y aumentando la vigilancia contra el terrorismo y la inmigración ilegal). El proyecto británico para reformar Europa debiera ser audaz y tener visión de futuro, reconociendo la dimensión social del mercado común y profundizando la colaboración paneuropea en la investigación científica. Si abrazamos la realidad de que podemos lograr más con la cooperación que con el aislamiento, ese proyecto podría convertirse en la agenda para que el RU ejerza la presidencia de la UE en 2017 y marcar el comienzo de una época de mayor participación transfronteriza. Es la oportunidad del RU de ubicarse a la vanguardia de la próxima etapa del desarrollo europeo.

Project Syndicate