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“Ya tenia comprados los boletos para volver”

Se llama Jimmy Ernesto Montenegro Rosero y es uno de los miles de ecuatorianos que decidieron buscar afuera lo que no hallaron en su país: solvencia económica. Su destino elegido hace 18 años, de los 39 que tiene, fue Bruselas. Allí trabajaba como chef en un restaurante hasta el martes, cuando la inmolación de un terrorista en el metro lo dejó en cuidados intensivos.
Antes de convertirse en migrante vivía en Ibarra, en el seno de una familia de cinco hijos donde era el único varón. “Estaba lejos, pero siempre tenía contacto con sus padres, los llamaba con frecuencia para pedirles la bendición”, relata a este diario su cuñado, Marcelo Trujillo, que ruega a las autoridades que le faciliten a sus parientes un viaje para estar junto a Jimmy y su familia en este momento difícil.
El ecuatoriano reside en Bruselas con su esposa, Elizabeth López, y dos hijos de ambos, una de 14 y uno de 9 años. El día del ataque, ella lo dejó en la estación, sin imaginarse que minutos después una explosión terrorista le causaría una lesión grave, producto de un metal que le atravesó la parte derecha del cerebro.
Actualmente Jimmy necesita de un respirador artificial, pues ese día debió someterse a una operación que los médicos calificaron de “muy difícil”.
Aunque un sobrino que también está allá, Lenin Ibacuán López, dijo a una emisora que la parte derecha del cuerpo de su tío tuvo una reacción que dio esperanzas a los médicos ayer, advirtió que “su condición es delicada”.
Por el amor a su país, en junio este migrante al que sorprendió el terrorismo iba a regresar a Ibarra para pasar vacaciones junto a toda su familia, después de cuatro años de estar ausente.
“Ya tenía comprados los boletos de avión para volver”, lamenta su tío Óscar Rosero, que recibe visitas de los conocidos que llegan hasta la casa donde vivió Jimmy a preguntar por su estado de salud.
Los atentados, dos en el aeropuerto y uno en el metro, dejaron más de 30 muertos y 270 heridos. El número de víctimas, sin embargo, podría aumentar. “Muchas personas están en coma, luchan por su vida”, adelantó ayer el Ministerio de Sanidad belga.
Además, la identificación de las víctimas “llevará tiempo”, informó la célula de la policía federal en los lugares de los atentados, porque los cuerpos quedaron muy maltrechos por las bombas.
Se sabe que hay una muerta marroquí y probablemente una italiana, que hay nueve heridos españoles, 21 portugueses, 10 franceses, cuatro británicos, dos colombianos y decenas de ciudadanos estadounidenses.
Pero la peruana Adelma Tapia, de 37 años (nueve de ellos en Bélgica), es la primera víctima mortal cuyo nombre trascendió. Murió en el aeropuerto de Bruselas, donde esperaba un vuelo hacia Nueva York para reunirse con sus hermanas.
Era madre de dos gemelas de tres años. Sus niñas fueron a corretear por el aeropuerto con su padre, belga, y ella se quedó cerca del lugar donde ese día estalló una de las bombas, que la mató. BMP-MR