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“Bajo el imperio del odio”...
Este es el título de la obra escrita por el expresidente de la República del Ecuador, Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río, para explicar, desde su punto de vista, las razones que motivaron la Revolución del 28 de Mayo que lo destituyó del poder. Séanos permitido utilizar este mismo nombre para el artículo que comentamos el día de hoy.
El mundo vive en estos momentos una tirante situación en donde, bajo el imperio del odio, se ejecutan masacres, asesinatos, violaciones, que luego son justificados estúpidamente, invocando algún principio o concepto que por momento alguno explica, y menos justifica, su empleo.
Los científicos deberían investigar y exponer por qué el alma humana tiene un fondo lleno de odio, cuando la solidaridad es lo que debe prevalecer. La semana pasada el mundo se estremeció cuando un joven irrumpió en un sitio nocturno de la ciudad de Orlando, EE. UU., y con el uso de armas de fuego mató inmisericordemente a 50 personas e hirió a otras 50, motivado por sentimientos de odio. El grupo islámico ISIS, como si fuera algo extraordinariamente hermoso, se atribuyó esta masacre humana. Y esto es lo más grave de todo: no es concebible que alguien se enorgullezca de ser autor intelectual de crímenes tan abominables.
El odio, la venganza, el resentimiento, entre otros, son demostraciones de la desorientación moral y psicológica de los seres humanos. En el Ecuador, por ejemplo, se tipificó dentro de los delitos contra el derecho a la igualdad, el de odio, posiblemente con la intención de terminar con ese odio que lamentablemente ha echado raíces en nuestro país. Quienes tipificaron tal delito no tuvieron en cuenta que el odio es un sentimiento y no un acto humano, y que por lo tanto, mal puede hablarse de delito de odio.
La pregunta que nos hacemos es: ¿por haberse tipificado este delito, ha desaparecido el odio en nuestro medio? La respuesta simplemente es no. Las leyes penales no terminan con los delitos. Se necesita una nueva estructura ética para que los hombres no actuemos bajo el imperio del odio.
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