
“El Gobierno de Maduro vive de inventar enemigos”
La política se mide en el apretón de manos. El de Henrique Capriles Radonski (Caracas, 1972), antes de esta entrevista con EXPRESO, se delata populista: como si su mano esperara estrechar la tuya desde hace tiempo.
La política se mide en el apretón de manos. El de Henrique Capriles Radonski (Caracas, 1972), antes de esta entrevista con EXPRESO, se delata populista: como si su mano esperara estrechar la tuya desde hace tiempo. No son sus manos las famosas. Fuera de Venezuela, es su cara: el rostro de la oposición, el David que se enfrentó dos veces contra Goliat y casi gana la Presidencia, el que posa junto a líderes mundiales en una cruzada diplomática para arrinconar al chavismo contra las cuerdas democráticas. Dentro de Venezuela, en cambio, es la voz: fueron sus palabras las que despojaron el halo de invencibilidad del oficialismo y marcaron la ruta para conquistar la Asamblea, las que volvieron creíble la desechada idea de un referendo revocatorio que cambie al Gobierno por las urnas y a la que hoy se han sumado todas las fuerzas de una oposición enfrascada en disputas, la que convocó al país a tomarse Caracas el próximo 1 de septiembre en lo que podría ser el último gran intento por devolverles a las calles la capacidad de decisión que hoy reposa en la Presidencia... Y en los cuarteles.
Dice siempre que “Venezuela es una bomba de tiempo”. ¿Cuándo estallará?
No ha estallado porque los venezolanos tenemos esa ventanita que es el revocatorio. Porque tuvimos ese estallido social el 27 de febrero de 1989.
El Caracazo.
El Caracazo, que empezó en Guarenas (estado Miranda) producto de unas medidas económicas que se tomaron 25 días después de la toma de presidencia de Carlos Andrés Pérez. Y las condiciones económicas de hoy, comparadas con las del 89, son peores.
¿El estallido también lo será?
No. Lo que quiero decir es que están dadas las condiciones para el estallido. No queremos que ocurra porque sería peor. Pero no ha explotado por esa ventanita que es el revocatorio.
Es el último fósforo de la cajita democrática.
Por eso creo que el Gobierno no lo ha matado. Ha amenazado con matarlo, pero no lo ha hecho. Unos dicen que será el próximo año, otros que después. Pero solo difieren con la fecha.
Capriles habla como si estuviera en un mitin, con euforia y sin miedo. Así no hablan los ciudadanos, en su mayoría, temerosos. Tienen razones. Tan solo 24 horas después de esta entrevista, el presidente Nicolás Maduro advertiría a la oposición con una represión si “pasaran los límites del golpismo”.
¿Existe la posibilidad de que su iniciativa fracase por el miedo?
El esfuerzo del Gobierno es para desmovilizar al pueblo. Por eso empiezan con que viene otro Caracazo, la violencia, los colectivos (así llaman a las bandas armadas que respaldan al chavismo). Todo lo que puedan para aterrorizar a la gente. Cuando yo hablo de la toma de Caracas es para que los venezolanos vengan de todo el país para hacer sentir su voz en la capital, donde está la sede de los poderes.
¿Está enviando usted al pueblo contra las bayonetas?
No. No es el objetivo de...
No es el objetivo, pero es una posibilidad. ¿Está consciente?
Pero esta es una actividad donde hay conducción, no hay improvisación. Soy un creyente de la fuerza que tiene la organización. De hecho, la política que ha triunfado es la que hemos propuesto: una mayoría organizada, que se exprese electoralmente y pueda derrotar a unos tramposos.
Su alternativa triunfó en las urnas, pero...
Pero todavía no se ha dado el cambio en el poder.
¿Esa es una forma de admitir un fracaso? Porque tienen una mayoría en la Asamblea y no pueden pasar ni una ley.
Por eso vamos al revocatorio. Pero esto no es todo o nada. Esto ha sido paso a paso. Hace unos años atrás hay gente que creyó que este Gobierno nunca ganaba elecciones, que se las robaba. No. Chávez tenía una mayoría electoral.
Pero usted denunció fraude.
No con Chávez. Nunca.
Con Maduro.
Con Maduro impugné la elección. Ahora. Chávez me ganó las elecciones.
Cuando Capriles perdió por el 1,5 % contra Nicolás Maduro (o 233 mil votos) hubo quien creyó que la vía democrática se acabó. Que no había más salida que la revuelta y la resistencia popular. Leopoldo López encabezó la opción de la calle, por la que sigue en prisión. Casi tres años después, la popularidad de Capriles ha caído, según algunas encuestas, como si se le acusara de blando. La de López ha subido.
¿La postura democrática le ha costado votos? ¿Cómo le pide a un país en crisis que espere hasta una elección?
Lo que pasa es que la política no es estática, es de todos los días. Si compara la Venezuela de hoy con la de enero hay una brecha brutal.
Empujada por la crisis.
Por la crisis y por la estrategia del Gobierno que es no hacer nada. Nada. Solo nos marean y se inventan enemigos: internos, externos. De eso vive el Gobierno.
De eso viven muchos.
Sí, pero especialmente este. Venezuela es un caso aparte en América. Por eso no le puedes decir a la gente de un país que se está muriendo de hambre ‘Espérese dos años y medio’. No. Para eso está el revocatorio.
¿Cómo golpea la crisis a Capriles? ¿Lo golpea? ¿Hace filas eternas? ¿No halla medicina?
Yo soy yo solo. Y gracias a Dios gozo de buena salud. No he tenido que sufrir lo que sufre la mayoría del pueblo venezolano. Pero estoy en la política no para arreglar mis problemas. Sino porque los problemas de los demás, los siento propios, los hago míos. Y eso me genera impotencia porque muchas de las cosas no dependen de mí.
¿Quisiera que dependieran de usted?
Claro. Porque yo sé lo que hay que hacer. Muchos lo saben. Y la receta es clara: lo contrario a lo que hace el Gobierno. Hay que poner el país a producir.
¿Cómo explicar el Gobierno de Venezuela al mundo?
Esto es una cúpula militar con una cúpula civil. Pero yo separaría a la cúpula de la Fuerza Armada. La Fuerza Armada no está con Maduro, sino la cúpula.
Fue polémica su declaración: “O la Fuerza Armada está con la Constitución...”...
O está con Maduro. Está llegando ese momento.
¿No es la clase de declaración que lo puede llevar de compañero de celda de Leopoldo López?
Los civiles no damos golpes de Estado. Eso es un llamado a defender la Constitución. La Fuerza Armada está llamada a eso.
¿Y cómo la defiende?
¿Cómo la defiende? Como la defendemos todos. Diciendo: así no. Teniendo una conversación interna.
Capriles está convencido de que la presión es la vía: en las calles, en los medios, en Venezuela. Y fuera. Su presencia en Argentina, Paraguay y recientemente en Perú es la muestra de que, como dice, “un estallido en Venezuela afectará a toda la región. Por eso no se le puede dar la espalda”.
¿Ecuador ha dado la espalda?
Creo que la posición de Ecuador ha bajado la beligerancia. El presidente (Rafael) Correa está absolutamente consciente de que Maduro es un desastre en lo económico, social. Es un desastre indefendible.
La Asamblea oficialista sigue pasando resoluciones.
Siguen votando a favor de Maduro. No creo que lo hagan en contra. Pero Ecuador bajó la beligerancia.
Tal vez porque se acercan las elecciones en Ecuador.
Sí, puede ser.
¿Ha tenido contactos oficiales con Ecuador?
Ninguno. Con el excanciller (Ricardo) Patiño tuve algunas conversaciones muy respetuosas. Yo le expuse el desastre en Venezuela. Le dije que en Ecuador no quisieran aplicar lo que Maduro aplica en Venezuela.
¿Y él lo reconoció?
Bueno, el silencio muchas veces es aceptación.
La imagen de Capriles en Venezuela genera tantas opiniones enfrentadas como la del propio Hugo Chávez (quien murió en 2013). Pero entre golpista y líder democrático, entre ‘majunche’ (que quiere decir mediocre) y luchador incansable; todos le conceden el mérito de haber convertido al referendo en una vía posible. Un llamado democrático que lo convierte en la rareza política de una patria radical, que se debate entre la eternización en el poder y un golpe popular.