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La “efedrina” politica

La escapada de los implicados en la muerte de personas relacionadas con la exportación de efedrina de Argentina a México, huele a mafia política. Hace algunos meses los medios de la nación sureña señalaron que uno de los personajes más cercanos a la presidenta Cristina de Kirchner, su jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, tendría que ver con ese ilícito negocio. Ello hizo que este perdiera las elecciones a la Gobernación de la provincia, frente a la candidata María Eugenia Vidal, de las filas macristas.
De la derrota electoral de Scioli, en adelante, los perdedores no han descansado en descargar una estrategia orientada a dificultar la gestión del Gobierno de Macri. Este plan, ejecutado de manera burda, como es la lógica de los “patoteros” y de los grupos de choque del kirchnerismo, deja ver muchas inconsistencias y truculentas movidas. La misma declaración de la exmandataria, sosteniendo que la huida de los implicados Schillaci y los hermanos Lanatta sería un pago de las fuerzas triunfantes por el favor que les habría hecho Martín Lanatta al acusar al entonces hombre fuerte del régimen, Aníbal Fernández, de ser la cabeza de una red de traficantes de la materia prima para la elaboración de las drogas sintéticas, asoma ante los ojos de la ciudadanía argentina como una artera y primaria patraña.
Y no es para menos si consideramos algunos aspectos que rodean el hecho: el Sistema Carcelario de la provincia de Buenos Aires, al momento de la fuga de los condenados en la madrugada del domingo 27 de diciembre, estuvo en manos de una funcionaria designada por Scioli cuando este ocupó la Gobernación provincial, la señora María Flor Piermarini; uno de los “empresarios farmacéuticos” asesinados en agosto del 2008 habría sido aportante para la campaña de los candidatos del kirchnerismo; y el sitio de donde escaparon los sentenciados, la prisión de alta seguridad General Alvear, si tenía tal calificación era porque sus dispositivos garantizan un blindaje ante cualquier intento por burlar sus mecanismos de protección y control.
Solo cabe preguntarse, ¿cómo lograron escapar los asesinos? y ¿a quién favorece su huida?
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