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“El Chapo me atravesaba con la mirada, yo temblaba”
Kate del Castillo palpita, empalidece, suda y siente las sienes estallar. Primero es al recibir un mensaje de los abogados del ‘Chapo’, luego por el proyecto de rodar una película juntos, finalmente por cruzar la mirada, su mirada, con el mayor narcotr

Kate del Castillo palpita, empalidece, suda y siente las sienes estallar. Primero es al recibir un mensaje de los abogados del ‘Chapo’, luego por el proyecto de rodar una película juntos, finalmente por cruzar la mirada, su mirada, con el mayor narcotraficante del mundo.
“Miniinfarto, me quiero morir”. El relato de la actriz mexicana Kate del Castillo, publicado en la revista Proceso, sobre su relación y encuentro con el líder del cartel de Sinaloa, es un viaje en rosa profundo.
Una almibarada sucesión de recuerdos, sensaciones y efusiones líricas que obvian, al igual que hizo su camarada de periplo Sean Penn, el lado oscuro de la bestia: los asesinatos en masa, la tortura de policías y sicarios, la aberración criminal en el que se hundió Ciudad Juárez y gran parte de México por la codicia del ‘Chapo’.
Largamente esperado, el texto de la actriz supone una decepción para los buscadores de novedades judiciales. En su afán por disipar las sospechas de connivencia, pasa de puntillas por sus arrebolados mensajes con el narcotraficante -el mismo que le llegó a decir “te cuidaré más que a mis ojos”– e intenta reducir todo el engrudo a una relación profesional en la que no hubo contraprestación.
“Mi intención fue siempre hacer una película. Nunca he recibido dinero del señor Guzmán ni para la realización del proyecto, ni para la empresa tequilera Honor del Castillo. Es por esto que mi declaración se realizará cuando mis defensores determinen que existen garantías legales para ir a rendirla a México”, escribe.
A través de su madre, los abogados del líder del cartel de Sinaloa se pusieron en contacto con ella por e-mail. “Mi corazón se paró por unos segundos antes de empezar a batir a una velocidad increíble. Creo que de hecho tuve un miniinfarto. Empecé a sudar, palidecí, mis manos temblaban”.
Aquel correo devino en una reunión en Toluca, donde una agitadísima Kate del Castillo se encontró con los emisarios del señor oscuro. Educados, sencillos, incluso lo suficientemente galantes como para acercarle la silla. Así los describe la actriz, que asegura haber descubierto en esa reunión la admiración que le profesaba el narcotraficante: “El señor Guzmán rehusó darle los derechos a todos... excepto a mí. ¡¿A mí?! Darme los derechos de su vida... ¡¿A mí?! ¿Por qué yo?, les pregunté. ‘Porque la admira, la respeta y confía en usted plenamente. Le tiene respeto porque usted habla la verdad, no se anda con poses, y porque quiere que actúe en su película, ya que le gustó mucho su trabajo en La Reina del Sur”.
Estómago en un puño. Garganta seca. Incredulidad, éxtasis y luego una aceptación absoluta. El trato quedó cerrado en el reservado del restaurante de Toluca. Y ni siquiera la fuga del ‘Chapo’, en julio de 2015, lo tumbaría. La huida, que Kate recibió como una “invasión de electricidad en las manos y los pies”, no hizo mella en los deseos del ‘Chapo’. “El señor quería que yo siguiera adelante con el proyecto”, cuenta la actriz. Dicho y hecho. Del Castillo contactó con Sean Penn –“un filántropo, un activista, un ser humano de mirada limpia y transparente”, en palabras de ella–añadió dos productores de su confianza y cerró con los abogados del prófugo un encuentro en la clandestinidad. Todo recaía sobre ella. “Tenía en mis hombros un peso gigante. Estaríamos visitando al prófugo número uno, gracias a la confianza que depositó en mí. ¡¡¡Qué presión tan cabrona!!!”.
“Cuando finalmente le vi el rostro no lo podía creer, en verdad era él. Ya era de noche. De ahí en adelante no pude quitar mi mirada del hombre que se había escapado por segunda vez de un penal de máxima seguridad”.
La descripción del encuentro es parca. Sin embargo, se detiene en el momento en que el ‘Chapo’ la acompañó a dormir. “Me tomó del brazo. El corazón me latía a una velocidad que no sabía que era posible. Me veía con esa mirada penetrante que me atravesaba el cráneo. Tal vez mi voz estaba firme, pero todo dentro de mí temblaba, me sentía una nada. Su mirada, que no me había quitado de encima, se clavó aún más en la mía. Miniinfarto, me quería morir. Segundos que parecieron eternos, hasta que me dijo: ‘Tienes un gran corazón’. Yo seguía temblando por dentro. (...) Me abrazó y se fue”.
La muerte del mito
Tras su detención en enero se ha conocido una serie de detalles que han banalizado al ‘Chapo’.
Una leyenda difícilmente supera el escrutinio de sus conversaciones por chat. El hombre que manejaba con fiereza el cartel de Sinaloa atrajo hasta su madriguera a sus captores por una pasión adolescente: el intercambio de mensajes subidos de tono con Kate del Castillo.
El cerebro analítico se había dejado embaucar por la purpurina de una telenovela de segunda categoría. La destrucción del mito había comenzado.
Tampoco es que se le pidiera que fuera Obama, pero en la ¿entrevista? que concedió a Sean Penn se lo vio incapaz de articular un discurso.
En el silencio era enigmático, pero fue abrir la boca y el hechizo desapareció.
Cuando se ha acercado la lente de los medios, de los famosos buscando exclusivas, el ‘Chapo’ Guzmán ha perdido carisma.