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Lo que esta en juego (I)
Para la Revolución Ciudadana perder las elecciones es, políticamente, el equivalente a la derrota de Hitler o a la caída del Muro de Berlín.
El modelo de gobierno se sustenta en la consolidación y en la preservación del poder absoluto sobre las instituciones del Estado, y, obviamente, sobre todas las manifestaciones del quehacer ciudadano.
El régimen, que se inició con un golpe de Estado al defenestrar a 57 diputados legítimamente electos, y apoyado por un contingente de los hoy “arrepentidos”, busca la reedición a través del fraude (si fuere necesario), y la sujeción, aparentemente hoy impuesta, al endeble Alto Mando Militar.
A los socialistas no les interesa la economía. Ignoran sus preceptos. Cuando fallan siempre le echan la culpa a otro. Se ufanan en que es solamente a través del dominio estatal que se puede tener una sociedad justa y equitativa, en la que los únicos que se diferencian son ellos mismos.
Se crea un nuevo vocabulario en el que la razón y la lógica no tienen lugar. Fungen de demócratas cuando lo que desprecian y aborrecen son, justamente, las reglas del juego democrático.
Hay dos temores primarios que los impulsan a no aflojar el poder bajo ninguna circunstancia. El primero es el temor a la rendición de cuentas que, en alerta temprana, han decidido llamarla persecución. El segundo es el desmantelamiento del modelo basado en un esquema intelectualmente quebrado y en una filosofía de gobierno contra natura.
La rendición de cuentas no puede correr la suerte de la lista de Odebrecht. Solo será válida si los tribunales no son amañados o sumisos. Cualquier sospecha que se tenga hoy acerca de los actos de corrupción que fueron el signo más claro de la década perdida será revelada en su real dimensión, y por ello el temor es fundado. Temen que la sociedad reclamará ser retribuida, y que deberán darse a conocer, con nombre y apellido, a los nuevos ricos que emergieron del fangal de la contratación pública, de las coimas, y de los negociados. Hay temores fundados de que se ejercerá la “repetición”, que hará que los lagartos y las lagartijas tengan que vomitar.
Hay, además, razones de fondo para que piensen que, al desmantelarse el andamiaje de trabas y regulaciones, el ejercicio del poder burocrático será desterrado. Temen, con razón, que la separación de poderes se traducirá en el cambio en la correlación de fuerzas pues ya no habrá magistrados o jueces a quienes ordenar. No pueden admitir que, anuladas como deben ser las elecciones del Legislativo, la fuerza de los socialistas será obliterada luego de elecciones limpias. Les aterra que, finalmente, convocada la Constituyente para cerrar el triste capítulo que emergió de Montecristi, el “plan de negocios” instaurado en la actual Constitución termine en el tacho de basura.
Es lo que está en juego y explica las rabietas y el mensaje que, a falta de evidencias, pretende endosarle la tragedia del feriado bancario, cuyos autores son, o han sido, personeros del mismo Gobierno, al candidato que aglutina a la oposición. La artillería de la propaganda goebbeliana deberá, en todo caso, enfrentar al enorme fastidio que produce la idea de que “vienen por más”.
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