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Jenny, la guerrera de la regata

Las llagas en las manos de Jenny Lachira desdicen la feminidad de su apariencia: maquillada y con una trenza bien templada en su rubia cabellera, sale del agua sin que siquiera se le haya corrido el rímel. Han sido más de 5 kilómetros de remo intenso,

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Las llagas en las manos de Jenny Lachira desdicen la feminidad de su apariencia: maquillada y con una trenza bien templada en su rubia cabellera, sale del agua sin que siquiera se le haya corrido el rímel. Han sido más de 5 kilómetros de remo intenso, pero se recupera enseguida.

La joven de 27 años y egresada de ingeniería agrónoma, no solo será la única mujer entre un ejército de 88 hombres en la edición 77 de la regata Guayaquil-Posorja del próximo 25 de marzo, sino que romperá aún más esquemas al ser la primera fémina en participar en la categoría doble par, considerada la más extenuante por cuanto solo dos personas remarán sin parar las 49 millas náuticas (alrededor de 90 kilómetros), en un tiempo estimado no menor a 8 horas.

Y es que el apellido de Jenny está llamado a la historia. Su padre, y ahora compañero de equipo en Escuadra Naval, Eddy, fue uno de los impulsadores de la modalidad para dos remeros en el 2013, categoría que en primera instancia pareció descabellada, ya que la prueba está concebida desde 1940 para 4 remeros y un timonel; ahora él y su primogénita librarán juntos la dura travesía.

“Jenny me conoce... Soy un enemigo del no puedo, de que existan los mitos y los ‘cucos’ en las capacidades del ser humano. Gané ya dos de tres regatas a Posorja en esta modalidad y ahora voy a competir con ella. Es especial”, manifestó el suboficial primero de la Armada Nacional.

Hasta el año pasado, Lachira acompañó en alrededor de 5 ediciones a su padre, luego de lo cual le hizo la propuesta de dar el siguiente paso: ya no ser su simple acompañante en las canoas de apoyo, sino meterse en una yola y remar para la historia.

“Fue muy duro. A la semana de empezar tuve serias intenciones de retirarme. Se me pelaron las manos, me dolía el cuerpo y mi papá me hizo remar sola en la embarcación con él adentro más de 8 kilómetros. Me estaba formando el carácter”, reconoce ahora la joven remera.

La preparación ha sido corta en comparación con otros equipos que arrancaron en diciembre. Debido a su trabajo y a los estudios universitarios, el entrenamiento de Jenny comenzó hace 2 meses y desde entonces la intensidad ha marcado la ruta. Practican 1 día entre semana desde las cuatro de la madrugada y todos los sábados o domingos redoblan trabajo.

Jenny tiene clara la película: sabe que no será una carrera sencilla. Tiene de espejo a su padre y a las instituciones que no han terminado la competencia porque se les hundieron las yolas, pero no la intimidan.

Cuando se le pregunta si siente nervios; corrige que es ansiedad. Reconoce y respeta la trayectoria de grandes remeros que han pasado por la prueba, de ahí que su intención es demostrar que querer es poder. “He remado ya el 70 % de la ruta durante los entrenamientos y me fue muy bien. Voy a demostrar que nosotras también podemos”, señaló.

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