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Insistiendo en la salud publica

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Por haber sido una región permanentemente afectada por diverso tipo de patologías, desde los tiempos de la independencia, hace ya cerca de doscientos años, la atención de la salud de sus habitantes fue una de las principales preocupaciones de las autoridades de la por entonces Provincia Libre de Guayaquil.

Pese a ello, la epidemia de fiebre amarilla de 1842, en la que tuvo una destacada actuación don Vicente Rocafuerte, en aquel tiempo gobernador del Guayas, evidenció las falencias de las que para combatirla se adolecía y como desde el gobierno central, la República recién fundada carecía de los recursos para solventarlas, se resolvió superarlas “con el esfuerzo de sus propios hijos”.

Esa fue la actitud que años después daría lugar a la constitución de una Junta de Beneficencia que se empeñaría en la construcción de hospitales y que, poco más tarde, siguiendo un quehacer constituido en honrosa tradición, daría lugar a esfuerzos específicos destinados a responder frente a cada situación en particular, contando o no con el apoyo del gobierno central.

Surgió así el Instituto Nacional de Higiene, al que se bautizó con el nombre del doctor Leopoldo Izquieta Pérez, ahora descoyuntado por el traslado de parte de sus actividades a Quito.

Frente al avance de la epidemia de tuberculosis se creó la Liga Ecuatoriana Antituberculosa (LEA) y con ella el hospital neumológico Alfredo Valenzuela, recientemente clausurado.

Para combatir al cáncer se fundó la Sociedad Ecuatoriana de Lucha contra el Cáncer (Solca), hoy en riesgo de ser igualmente centralizada a partir de un proyecto de ley que ya está en manos de la Asamblea Nacional.

Por el estilo, pese a la voluntad de proveerse de los servicios indispensables para lograr una adecuada atención a la salud de sus habitantes y del esfuerzo cumplido por los actuales administradores de la ciudad para dotarlos de los servicios básicos requeridos para garantizarla, esto es agua potable y alcantarillado, pareciera que los niveles de obstrucción a ese propósito sobrepasan el afán de vencerlos.

Así, Guayas es la provincia con los peores indicadores en una serie de patologías, con el agravante de que la situación se revela más deficiente año a año si se la sigue a lo largo de la década gubernamental recién terminada. Cortar ese ciclo es imperativo.

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