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Los grandes que aman las pequenas replicas

Un pequeño letrero determina que al espacio en el que cada cierto tiempo el hombre de la casa se concentra no se permite el paso a cualquier persona.

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Un pequeño letrero determina que al espacio en el que cada cierto tiempo el hombre de la casa se concentra no se permite el paso a cualquier persona.

Josué Gavilanes Jiménez, un ingeniero mecánico, especialista en turbinas, se sonríe cuando recuerda una frase dicha por otro de los miembros de su club: “Es un lugar a prueba de niños y de suegras”.

La situación se sobreentiende. Dentro de ese espacio a un costado de la puerta de su vivienda, en la urbanización Belo Horizonte (vía a la costa), conserva cosas que lo cautivan desde hace 37 años: modelos a escala armados por él.

“Parecen juguetes, pero implican toda una cultura”, agrega mientras está atentó a la puerta.

Lo hace porque es jueves, día en el que una vez al mes los miembros de su club se citan en alguna casa de la ciudad, esta vez correspondió a la suya.

La Sociedad Internacional de Modelismo Plástico (IPMS, por sus siglas en inglés), fue fundada el 13 de julio de 1987 por un grupo de amigos que no necesariamente eran menores de edad. “Puede que siendo niño nos hayamos vinculados a este hobby, pero cuando se es adulto es que se lo hace con la seriedad que esto requiere”.

Quien lo dice es el presidente del IPMS Guayaquil, Christian Villacreses, un arquitecto y bombero, dueño de una importante colección de aviones de guerra. ¿Cuántos? Dice que perdió la cuenta cuando hace dos años iba por 450 modelos. “Ahora solo los armo. Es que tengo una enormidad empaquetados”.

Un hobby que tiene su costo. Para comenzar, ya nadie vende los modelos para armar. Quien los tiene, debió viajar fuera del país o pedirlo por internet. “Las trabas a las importaciones afectaron mucho”, agrega Villacreses.

Así como hay modelos de aviones de guerra, comerciales, carros, barcos, vehículos militares... y en diferente escala, entre sus aficionados hay desde arquitectos, ingenieros, abogados, pintores plásticos, bomberos y hasta ingenieros de vuelos.

Detrás del ensamblaje de las miniaturas hay todo un asunto de detalles: desde partes externas, hasta las internas. La decoración es otro asunto.

Dice Fernando Jiménez, un ingeniero en comercio exterior, que es como pintar un carro: primero se coloca masilla, luego la pintura de fondo. Además, se debe investigar cómo es el modelo en la vida real. “No es que se pinta por pintar, ni se le coloca tal calcomanía porque te gusta. Es un asunto muy serio”.

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