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Gobernar para el futuro
De ninguna manera pretende el presente editorial que el actual gobierno, que ya ha superado el primer año de su ejercicio, deje de observar qué lo precedió, pero cabe advertirlo del riesgo de caer en lo que fue el estilo de la década infame y también en muchos periodos previos: gobernar conduciendo la nave del Estado en función del análisis del pasado, olvidando la elaboración de metas a perseguir, en ánimo de garantizar el futuro.
Recuerda bien el Ecuador, sin otra nostalgia que haberlo permitido durante diez años, el cansino repicar denostando a “la larga noche neoliberal”. Era explicable que el recién llegado se sustente, al iniciar su mandato, en la crítica al pasado inmediato; sin embargo, resultó un fraude toda la que se realizó en aspectos claves del cambio deseado, tal cual el combate a la corrupción. No hemos tenido a lo largo de la accidentada historia ecuatoriana un régimen más corrupto que el concluido hace poco más de un año.
Tampoco sirvió para nada la crítica a la conducción de la economía, que avalada por un título de doctorado en dichas ciencias, hacía presumir que el cambio prometido en función del servicio a las mayorías desatendidas, garantizaría el desarrollo nacional con equidad.
Bien sabemos los ecuatorianos que las angustias del actual cuatrienio se derivan de un irresponsable manejo de la economía, ocurrido precisamente durante la mayor abundancia de ingresos fiscales de cualquier tiempo. El despilfarro fue la norma y conviene haberlo evidenciado pero, eso ya se hizo.
Así, transcurrido su primer cuarto de conducción de la vida nacional, no puede ser exclusivamente la condena de lo pretérito el guion a perpetuarse. Sin duda, hay que seguir combatiendo una corrupción que llegó a la condición de espeluznante, mas, hacerlo no basta. Sin dejar de mirar por el retrovisor hay que prender los faros de neblina para evitar equivocar el camino y, sobre todo para, conviene insistir, ponerle metas a la búsqueda del porvenir.
Es grato que el aire fresco continúe pero si no se lo renueva con nuevos vientos, nuevas ilusiones, pronto se va a corromper, infestado, precisamente, con las fetideces del pasado.
Pareciera que no siendo posible la renovación de propósitos, solo poniendo vino nuevo en odre viejo, resulta necesario invitar a todos pensar en común.