El futbol y sus ensenanzas

El fútbol genera indescriptibles emociones; convoca a multitudes que apoyan o celebran el juego o triunfo de un equipo. Los cinco continentes estuvieron pendientes el último mes del campeonato mundial celebrado en Rusia, que lo organizó impecablemente y que aprovechó para presentarse ante el mundo con sus indiscutibles atracciones. Aquello explica las gestiones por ser sede de un evento de este nivel. Las grandes cantidades de dinero que mueve este deporte despiertan intereses en una dirigencia que incluso cometió actos de corrupción, como el caso FIFAGate, en el que fueron sindicados dirigentes de la Federación Ecuatoriana de Fútbol.

¿Pero qué genera tanta afición? Hay varios factores que confluyen y constituyen verdaderas enseñanzas para niños, jóvenes y adultos. Los triunfos no son fruto de una casualidad, nacen de una trayectoria de logros que engendra fanatismo, idolatría a un equipo. Hay un esfuerzo colectivo demostrativo de las ventajas de compartir un objetivo común, sin que eso excluya la habilidad, la destreza o el ingenio individual. Existe una sana competencia en la que triunfa el que mejor hace las cosas. La rivalidad entre contendientes no conoce envidias, mezquindades, egoísmo; hay una lucha leal que demanda revancha pero no venganza. Como en todo, hay excepciones de malos deportistas que desvían su conducta o que se degeneran por vicios.

Es un juego que divierte, recrea y eso es saludable. Los aficionados lo disfrutan en horas de descanso, mientras los deportistas cumplen su deber, y eso demanda constancia, sacrificios. Las transmisiones televisivas multiplican espectadores.

Surge un afecto por pertenecer a una divisa. En un campeonato mundial se añade un factor que influye en el deportista: representar a su país. Y dialécticamente, nada genera más entrega que el defender los colores nacionales.

Un hermoso final vimos, sellado con un abrazo entre ganadores y perdedores. Francia es un legítimo campeón. Inmenso lo de Croacia, un pequeño país cuyos jugadores demostraron un ejemplar pundonor y ansias de triunfo. Los aficionados japoneses, por su parte, enseñaron que hay que limpiar lo que se ensucia.