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Los frutos silvestres, una golosina ancestral
Ancestralmente los abuelos y padres compartían estas costumbres con sus hijos, pero con el paso de los años y la llegada de prácticas mestizas a las comunas tsáchilas, ciertas características se fueron perdiendo.

Hace seis décadas los caramelos y golosinas no era muy comunes en el territorio tsáchila. En su lugar los niños y adultos degustaban frutas, como la uva silvestre y el madroño (guarade, en lengua tsafiqui) que eran muy apetecidos y cultivados en sus fincas, así lo recuerda Rosa Aguavil.
Ancestralmente los abuelos y padres compartían estas costumbres con sus hijos, pero con el paso de los años y la llegada de prácticas mestizas a las comunas tsáchilas, ciertas características se fueron perdiendo.
Ahora estas frutas ya no son tan populares como antes entre los miembros de la etnia, especialmente en las generaciones más jóvenes, cuenta Aguavil. Pero ella aún conserva varios árboles y los cosecha año a año, en la comuna Colorados del Búa, para el consumo de su familia y el resto lo vende entre sus hermanos tsáchilas, que todavía guardan el gusto por las exóticas frutas.
Rosa, que ya tiene 60 años, no recuerda con claridad cuándo fue la primera vez que comió las uvas silvestres o el madroño, pues era muy pequeña. Los sabios le decían que además de ser sabrosas, ambas frutas guardaban poderes curativos como alivio a problemas estomacales y aportaban con gran cantidad de importantes vitaminas.
Mientras unos tsáchilas ya no tienen tanto interés en estos frutos, otros deliran por su sabor.
Rosa ha inculcado a sus hijos y nietos que los sigan comiendo, por sus tradiciones, beneficios y además porque son cosechados sin usar ningún tipo de químico.
Gloria Chica, amiga de Rosa, explicó que el sabor de las frutas silvestres es totalmente distinto al de las frutas convencionales y que le da mucha confianza consumirlas, porque sabe que son totalmente naturales.
Ambas comercializaron lo recolectado en la feria gastronómica del Kasama 2017, donde no solo tsáchilas las adquirieron sino también turistas que quedaron sorprendidos con su sabor, tal es el caso de Ana Paredes, que se llevó dos fundas de cada fruto para compartir con sus parientes. (F)