Actualidad
Ir al Fondo Monetario: Si o no
Si la condicionalidad que pone el FMI para optar por un programa de financiamiento incluye la subida del IVA al 15% y el desmantelamiento del subsidio a los combustibles sin variar el régimen tributario y regulatorio ni modernizar el régimen laboral, manteniendo incólume el aparato estatal, la respuesta es negativa. Los programas del Fondo han tenido notorios fracasos, pues su enfoque es solventar la situación de las finanzas públicas sin contemplar que las soluciones a los problemas económicos deben ser inclusivas, socialmente aceptables, basarse en la primacía del imperio de la ley, y ser políticamente viables.
Es la razón por la cual hemos insistido en la necesidad de contar con un Programa Económico que permita no solo acceder en mejores términos a una negociación con dicha institución multilateral, sino que se fundamente y tenga la fuerza de la aceptación casa adentro. No se debe confundir un evento contable, la supuesta rebaja en el déficit, con la realidad de una economía en soletas. El problema de la competitividad, por ejemplo, no radica en tener una moneda dura, sino en tener un aparato productivo con una pesada carga de tributos antitécnicos, regulaciones perversas, robos, coimas y restricciones. Sacar dinero de la producción para alimentar el gasto improductivo de un gobierno voraz, no conduce sino a una crisis permanente de desempleo, subempleo, ineficiencia, y revanchismo social y económico.
La otra cara de la medalla es que, en una estrategia de crecimiento sustentada en los pilares de conocimiento y aptitud, administración honesta de la justicia, apertura e integración a la comunidad de naciones civilizadas, sin populismos pero con inclusión efectiva y promoción del empleo productivo, se acceda al Fondo con el fin de facilitar una participación decorosa y alejada de las presentes humillaciones en los mercados de capital. La calentura no está en las sábanas, la dolarización funcionó a cabalidad como un óptimo régimen monetario hasta 2007. Desde ese entonces nos ha protegido contra la epidemia de la mala práctica fiscal, evitando que caigamos en escenarios como el de Venezuela o Argentina.
La respuesta a la pregunta que aquí hacemos, repetimos, es un no rotundo hasta tanto hallan luces claras respecto de lo que el gobierno pretende hacer con la economía.