FMI y los DEG. Moneda mundial

Este año el mundo conmemora dos aniversarios claves en la historia del sistema monetario internacional: la creación del Fondo Monetario Internacional en la Conferencia de Bretton Woods hace 75 años y la incorporación en el Convenio Constitutivo del FMI hace 50 años de los Derechos Especiales de Giro (DEG), el activo de reserva que emite dicho organismo. Cuando se introdujeron los DEG, se estableció el objetivo de convertirlos en el “principal activo de reserva del sistema monetario internacional”. Esta ambición no se ha cumplido; los DEG son uno de los instrumentos de cooperación internacional más subutilizados. Sin embargo, es mejor tarde que nunca: la transformación de los DEG en una verdadera moneda mundial traería múltiples beneficios para la economía y el sistema monetario internacional. La idea de una moneda mundial no es nueva. Además, los DEG tienen ventajas básicas, las más importantes: primero, que su emisión puede ser utilizada como instrumento de política monetaria internacional durante crisis de alcance mundial. Así se hizo en 2009, cuando el FMI emitió DEG por $ 250.000 millones para ayudar a combatir la crisis, siguiendo una propuesta del Grupo de los 20. Y segundo, podrían convertirse en el principal instrumento para financiar los programas de crédito del FMI. La mejor alternativa es convertir al FMI en una institución que opera exclusivamente con su propia moneda, de carácter mundial. Esto requeriría un cambio en el Convenio Constitutivo, porque los DEG no se contabilizan hoy en las cuentas ordinarias del FMI. El Fondo podría emitir DEG en forma regular o, mejor aún, durante las crisis, como en 2009. En el largo plazo las emisiones deben estar relacionadas con la demanda de reservas internacionales de los países. Varios economistas y el propio FMI han estimado que se podrían emitir en torno a $ 200.000 o 300.000 millones por año. Esto permitiría que los beneficios de emitir la moneda internacional (el llamado señoreaje) se reparta entre todos los países. Hoy en día, estos beneficios son captados exclusivamente por los países o regiones que emiten monedas que se utilizan internacionalmente, especialmente el dólar y el euro. El uso más activo de los DEG también permitiría que el sistema monetario internacional sea más independiente de la política monetaria de EE. UU. Uno de los problemas del sistema monetario actual es precisamente que los objetivos de política monetaria de EE. UU., el principal emisor de divisas, no son siempre consistentes con la estabilidad del sistema monetario internacional. Las monedas nacionales y regionales que se utilizan internacionalmente podrían continuar circulando a media que aumentan las reservas en DEG. Y se podría crear una “cuenta de sustitución” en el FMI donde los países pueden cambiar sus reservas en divisas por DEG, como lo propuso el propio EE. UU. en los años setenta. Los DEG podrían ser utilizados en transacciones privadas o como la moneda en la cual se pueden denominar los bonos nacionales. Pero como el FMI lo señaló en un informe de 2018, esos “DEG de mercado”, que ayudarían a consolidar sus funciones como moneda, no son esenciales para la propuesta que se hace aquí. Tampoco es necesario que sean utilizados como unidad de cuenta más allá del Fondo. Los aniversarios del FMI y los DEG en 2019 merecen celebrarse. Pero son también la oportunidad ideal para apuntalar a los segundos como una verdadera moneda mundial que fortalezca el sistema monetario internacional. Las autoridades deben aprovechar esta gran oportunidad.