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La fiesta seguira en Tokio

Ni el torrencial aguacero que castigó a Río de Janeiro anoche, ni el viento que derrumbó hasta cercas de seguridad del estadio de Maracaná aguaron la fiesta de la clausura de los Juegos Olímpicos organizada en el llamado Bulevar Olímpico, en el centro

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Ni el torrencial aguacero que castigó a Río de Janeiro anoche, ni el viento que derrumbó hasta cercas de seguridad del estadio de Maracaná aguaron la fiesta de la clausura de los Juegos Olímpicos organizada en el llamado Bulevar Olímpico, en el centro de la ciudad brasileña.

Cientos de personas, en su mayoría con paraguas, insistieron en permanecer frente a los palcos con grupos musicales y a las pantallas gigantes instaladas en el paseo marítimo del puerto de Río de Janeiro, para seguir por televisión la clausura de los Juegos en el legendario estadio Maracaná. Otros desistieron y prefirieron regresar a sus casas.

La lluvia y el viento impidieron que la multitud esperada por la alcaldía de Río de Janeiro participara en la fiesta de clausura del evento deportivo.

La noche previa, cerca de un millón de personas pasaron por el Bulevar Olímpico para ver el partido en el que Brasil conquistó su inédito oro olímpico en fútbol frente a Alemania.

Tampoco apareció la multitud esperada en la plaza de la Candelaria, también en el centro, para asistir a la fiesta con la que se conmemoraría el momento en que se apagaría el pebetero olímpico instalado en dicha zona.

La ceremonia de clausura comenzó en el estadio Maracaná con un homenaje al brasileño Santos Dumont, uno de los pioneros de la aviación.

La fiesta, con casi tres horas de duración, fue diseñada por la directora del tradicional carnaval de Río, Rosa Magalhães.

Dumont repite en las ceremonias de Río, puesto que también fue homenajeado en la inauguración de los Juegos con un simulacro del vuelo del 14-Bis, el avión construido por el inventor brasileño y que realizó su primer vuelo en 1906.

La fiesta contó con la presencia de muchos deportistas que participaron en los Juegos y que entraron al escenario juntos, en señal de hermanamiento entre los países.

El evento rindió homenaje a diversas facetas de la cultura popular de Brasil.

Un poco de melancolía y desenfrenada alegría convergieron en la ceremonia, con vistas aéreas de los lugares más famosos de Río, como el Cristo Redentor y el Pan de Azúcar, además de pájaros y flores tropicales tradicionales.

La ciudad entregó la bandera olímpica a Tokio, sede de los Juegos del 2020, y extinguirá la llama olímpica, que arde desde el 5 de agosto en un pebetero ecológico.

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